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Pasando página


Despertaba cada mañana anhelando el néctar de sus besos. Sus prometidos encuentros, avivaban mi esperanza. Nuestras furtivas citas, mantenían la pasión. No podía imaginarme privada de tanto amor.

Pero «Los poderosos» son capaces de mutilar la felicidad de quienes protegen. Cortan las alas a quienes pretenden volar, prohíben los pasos que se salen de su camino y atan con fino espino al más tierno corazón.

Parecía increíble, pero murió mi bella historia de amor.

Brindo por los poderosos, los que rompieron nuestro enlace. Para que iluminen su vida con la luz que me han robado. Para que mi llanto arrope sus miedos infundados y logren abrir los ojos más allá de su razón.

S.O.S. Mamá


Uno no sabe cuánto se sufre por amor hasta que cae perdidamente enamorado.
 
     La caída estrepitosa desde el mullido colchón de la nube más alta, había borrado su sonrisa de un plumazo. Su cara había perdido todo rastro de brillo y sus ojos se habían apagado.
     Cien horas juntos y montañas de fotos que inmortalizaban miles de momentos, eran todo el legado de aquella relación maravillosa que había quedado achicharrada con el calor del verano.
     De golpe, frases como: Te amo, Eres el amor de mi vida, Juntos para siempre y bla, bla, bla, bla, bla,  se  convirtieron en clavos  que le desgarraron  el corazón. Vagaba errante por la casa, ausente, con la ilusión machacada.
 
     No podía callar tanta amargura y la soltó de golpe por wassapp, por la mañana, sin esperar que llegara. La noticia me pilló desprevenida.  Fue una jornada dura. Entre línea y línea, visualizaba ráfagas de aquella breve historia que parecía para siempre. Temí que aquello fuese el hundimiento del Titánic.
 
     Llegué a casa dispuesta a escucharla y transmitirle mi cariño. Sabía que estaba destrozada. Recoger los pedazos y recomponerlos  con mucha dosis de amor, era todo cuanto yo podía hacer.
 
     Sus ojeras delataban cuál había sido su primera reacción: empapelar el suelo de su habitación con clínex empapados de lágrimas.
 
     Habló sin parar hasta que quedó vacía, hasta que enmudeció su alma. No había desprecio, reproche u odio en sus palabras.  La abracé como se abraza un cuerpo frágil y compartí su silencio.