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Quinta Chilches/Xilxes 1966




¡Hola Quinta!

Hemos compartido tantas risas, llantos y recuerdos que un millón de bolígrafos Bic no bastarían para escribir toda nuestra historia.

Hoy tenía ganas de escribir y me he acordado de ti.  ¿Por qué no? He pensado que podría distraerte un rato.

Retrospección

Las paredes derribadas del colegio público que nos cobijó en nuestra infancia fueron testigos mudos de nuestras vivencias. Y, seguramente, aquellos maestros de escuela que nos llevaron de la mano, tuvieron que reprimir más de una risa fingiendo un gesto agrio ante nuestros muchos actos rebeldes.

Viene a mi mente la sonrisa recta de doña Joaquina. Nunca comprendí porqué su sonrisa no era curva. Aquella fina línea dibujada en su cara expresaba más de lo que parecía. Una raya corta en sus labios anunciaba la llegada de truenos y relámpagos; en cambio, una raya más extensa, auguraba un placentero día. Simples señales que, hasta unos parvulitos como nosotros, lográbamos captar.

Si de recuerdos hablo, también guardo en mi memoria la cariñosa mirada de doña Isabel. Aquel brillo en sus ojos nos transmitía tanta tranquilidad y confianza que, cuando pretendía regañarnos, no lograba que nos lo tomáramos en serio.  

Es curioso que se utilice la expresión “leer la cartilla” para hacer alusión a reprimendas o reproches. Lo cierto es, que todos le leímos la cartilla a doña Joaquina y a doña Isabel, aunque no con ánimo de reproche sino con la firme intención de demostrarles que sus esfuerzos, unidos a los de nuestros sufridos padres y hermanos, habían obtenido su recompensa.

Siempre he pensado que fuimos una generación “En tránsito”. Nuestro vaivén por los edificios habilitados como aula se convirtió en algo habitual. Hicimos los parvulitos en el antiguo colegio de Regiones Devastadas, el 1º de EGB en una de las casas de maestro de la Calle San Isidro, el segundo curso en un bajo del edificio de la Calle Montoliu próximo a la vía de tren y a los huertos de naranjos, los cursos tercero a quinto, de nuevo en nuestro amado colegio rodeado de moreras, el 6º de EGB en el colegio público de Almenara y, finalmente, nuestros dos últimos años los cursamos en las aulas habilitadas para tal fin en el primer piso del edificio que alberga el actual Teatro de Chilches.

Siempre hemos sido almas viajeras, lo mamamos en nuestra infancia.

El adusto semblante de don Ramón, en cambio, se desvanece entre mis recuerdos, solo sé que pasamos de parvulitos a alumnos de EGB casi sin darnos cuenta. Dejamos la cartilla para coger los libros, y aparcamos los juegos de alfombra para jugar a hacer cuentas con los números. Fue un alegre primer curso que disfrutamos con doña Amparo y don Pepe. Así empezaríamos a amueblar nuestra cabeza. Otra cosa distinta, es valorar si los muebles están bien colocados o no. Dejemos a cada cual que lo valore por sí mismo.

Doña Sofía fue, sin duda, mi profesora preferida. Me embelesaban sus historias, tanto las que narraban pasajes bíblicos como las que acababan con moraleja. Era tanta su pasión al contarlas, que lograba contagiarme. A ella debo, en parte, mi afición por la lectura y la escritura.

El año en el que tomamos la 1ª Comunión guarda un lugar especial en mi baúl de los recuerdos. ¡Cuánta paciencia tuvo doña Teresa con nosotros! ¿Cómo lograría centrar nuestra atención en las clases? Despistados desde el primer día, con la vista fijada en el 25 de mayo de aquel 1975, resultaba difícil concentrarse en los temas escolares.

Lo que sí enterré en un pozo profundo fue mi 4º de EGB. Para nada quiero recordar aquel símil de educación castrense impartido por don Manuel. Curso de cantos mañaneros en formación militar, en el que tuve el gusto de probar sus golpes de paleta sobre la punta de mis dedos.

Ya en quinto, comprendí que aquello de ser una piña llegaba a su fin. Con diez años, pretendieron que dejáramos nuestra infancia aparte. La meta consistía en aprender una amalgama de saberes varios para afrontar los nuevos retos que nos esperaban fuera del pueblo. Fue difícil para doña Adela y complicado para nosotros. Las fronteras de nuestra vida iban a ampliarse.

Durante todos aquellos años se forjó nuestro espíritu curioso, nuestra vena luchadora y nuestra pasión por los bichos.  Nos gustaba ir a las acequias de los huertos en busca de ranas o lagartijas, capturar hormigas, mariquitas o escarabajos peloteros, y, sobre todo, criar gusanos de seda. Actividades que casi diría que alcanzaron el estatus de deporte local.  ¿Quién no ha subido a una morera haciendo equilibrios imposibles para coger hojas con las que alimentar a sus gusanos?

 


Con mucho cariño, para mis compañeros de Quinta. Besos a todos.

Nimiedades


Contemplado en paisaje, intentaba desoír la verborrea desatada de mi hija salpicada por los monosílabos de mi marido. La indumentaria para la ceremonia de Graduación había acaparado la tarde de compras y había dejado en off mis ganas de conversación. Superado su segundo de Bachillerato, nos esperaba la tortura de la Selectividad; unos días más para sufrir en familia. Noelia casi tenía un pie en la universidad y tantas emociones concentradas habían estallado en mi cabeza, como esas pastillas de liberación prolongada, que se toman por la mañana y duran todo el día.  Deseaba llegar a la calma chicha del hogar, tirarme en el sofá y dejar mi mente en blanco. 

El sonido de mi móvil me sacó del aletargamiento. Me costó encontrarlo entre las mil cosas que llevaba en el bolso. “Papá casa”, debía contestar. Mi madre, entre sollozos, balbuceó que mi padre acababa de sufrir un accidente con el coche. Noté cómo un muro me aplastaba la cabeza.  ¡¡¡¡¿Qué?!!!! El lugar del suceso, la posibilidad de que hubiese salido ileso y que no había más vehículos implicados, poco más me pudo decir. Nos veríamos allí.

Ya cerca del punto fatídico, los metros parecían multiplicarse. Podía escuchar el trote acelerado de mi corazón, mientras flotaban mil preguntas en el aire que nadie podía contestar. En mi interior, una voz repetía incesante una oración.

Bajando el puente sobre la autopista, vi el coche de mi padre apartado a un lado de la carretera. A la vez, en mi retina, superpuesta, la imagen de una ambulancia con las luces encendidas que se alejaba de allí. Noté un fuerte nudo en mi garganta y sentí que me faltaba el aire ¿Seguro que estaba ileso?

Un par de agentes de la Guardia Civil y un agente de la Policía Local hablaban junto al vehículo siniestrado. Un segundo fue suficiente para comprobar que el morro del coche era un auténtico acordeón. ¿Cómo habría salido de allí?

Mi madre, que iba a subir al coche de mi hermano cuando llegamos nosotros, ya más serena, nos dijo lo habían llevado al centro médico para hacerle unas pruebas y que la cosa no pintaba mal. Yo  no las tenía todas conmigo.

Noelia se montó en el coche con ellos y nosotros nos quedamos para arreglar el papeleo con los agentes. La grúa llegó rápidamente y, finalizado el protocolo, nos fuimos hacia Almenara.

Un “doble yo” había logrado mantener el tipo en los momentos previos al encuentro pero, al ver la cara de mi padre en la sala de espera, sentí que iba a derrumbarme. Mi padre lloraba. No recordaba si alguna vez lo había visto llorar. Me acerqué y le di dos besos pequeños, como los que se dan a los recién nacidos esperando no romper su frágil cuerpecito. Aún así, toda aquella delicadeza no fue suficiente para enjugar sus lágrimas.

Cara y brazos, llenos de quemaduras de airbag, y cuerpo, cargado de dolor por la tensión del cinturón de seguridad. Un Todo insignificante comparado con el sentimiento de impotencia que invadía su ser.

Divagar sobre las posibles causas de un accidente cuando ni el propio conductor recuerda qué ha sucedido, es una pérdida de tiempo. Quizás, quizás, quizás…

Doce días después, llegaba la Graduación de Noelia. Ni me había comprado un vestido ni había ido a la peluquería. Ella estaba resplandeciente. Enmascaré mi tristeza tras una sonrisa de porcelana, sintiéndome espectadora de la celebración que me rodeaba.  Ese día, caí en la cuenta de que la importancia de las cosas depende del momento en que suceden. Antes del accidente, la pompa y boato de la gala lo habría sido todo para nosotros; tras él, aquello carecía de sentido. 

La mañana que mi padre cayó sobre el suelo sin control alguno de sus piernas, obtuvimos respuestas. Un coágulo de sangre en la cabeza, un derrame cerebral y un posible billete de ida a ninguna parte. Lo operaron esa misma tarde, veintisiete días después del accidente.

Nadie nos prepara para superar con éxito las trabas de la vida ni te avisa del calvario que aún te queda por pasar. Según el neurocirujano, la intervención había sido un éxito.

Cinco meses después, aparcada la silla de ruedas, la angustia y los temores, puedo confirmar que efectivamente fue un éxito. Hemos tenido días grises, momentos de duda y minutos de tensión, pero la fortaleza de mi padre los ha superado todos.  

Hoy he vuelto a ver su sonrisa, su paso quedo y su habla amable y me ha confortado la idea de tenerlo aún a mi lado.
 
 
 

Adiós 2014


No sé si es mejor lacrar una vieja historia encerrada en un folio amarillento o pulsar “Nuevo” en el procesador de texto y dejar que tus dedos tecleen libremente.

Siento que 365 días no son suficientes para alcanzar todas nuestras metas porque quizás nuestros proyectos requieren un plazo más largo de tiempo.

Inicié el año 2014, queriendo sumergirme en un mundo narrativo para poder navegar entre las letras y empaparme de palabras, pero… mi creación literaria quedó más seca que la mojama antes de acabar enero.

Se me ocurre que si los días tuviesen 48 horas, dejaríamos de ser esclavos del trabajo y podríamos dedicar más tiempo a las cosas que lo merecen. Aunque, bien pensado, la esperanza media de vida pasaría drásticamente de los 80 a los 40 años. Mejor será dejar las horas como están.

En una hoja polvorienta, encontré un relato en el que mi personaje “Fedra” encarnaba a una alumna enamorada de su maestro. Tanta insulsez en la trama, me evocó un bostezo seguido de una carcajada sonora. Un fogonazo de sensatez me hizo comprender cómo debían sentirse los lectores de mi blog. ¿Cómo pude creer que…?  Y, por raro que parezca, quemé un trozo de lacre para sellar aquel papel en vez de convertirlo en lluvia de confeti. Sin más, mis altos propósitos de escritura desmedida se esfumaron.

Tras un año de propósitos incumplidos y alejamiento del mundanal ruido, finalmente, he quitado los grilletes a mis dedos y les he dado libertad para escribir.
Seleccionar “Nuevo” para enfrentarte a la hoja en blanco siempre es alentador.
Quién sabe si el 2015 hará que se cumpla alguno de esos planes arrinconados en el desván del pasado.
Pase lo que pase, os deseo a todos lo mejor y espero que se cumplan vuestros buenos deseos.

 

FELIZ 2015

Truecolor

Veinte minutos bajo la ducha y sigo sin quitarme esa sustancia viscosa de tinte hiperglucémico. ¿Estaré en una burbuja de caramelo toffee recién masticado?
 
La última glaciación provocada por mi realidad circundante, ha mantenido en estado de hibernación mi más íntima fibra sensible. De repente, una primavera anticipada ha eclosionado en mí provocando una transfiguración inesperada y ecos de un pasado lejano han irrumpido en el campo de batalla.
 
Supongo que la resaca del último colocón de números o la llegada de las benditas vacaciones son causa suficiente para explicar tal diarrea emocional. Hoy, tras un suculento desayuno, y un horizonte despejado ondeando entre mis neuronas, siento un renovado ímpetu que creo disipará la pegajosidad de mi empalagosa indumentaria y logrará descorrer la cortina tupida que ocultaba los millones de colores que me rodean. 

Calentando motores

¡Vaya! Alguien andará pensando que me he ido de vacaciones. Casi un mes sin decir esta boca es mía, sin escribir ningún micro para ningún concurso, sin escuchar ninguno de los audios de literatura que tanto me gustan, sin disfrutar de la lectura de esos libros que tengo empezados.  Puede que sí, que haya estado un tanto desconectada del mundo de las letras. Y es que, cuando los números dicen estoy aquí, si es necesario, se para el mundo.
 
Recorte, Indisponibilidad, Remanente, Desviación, Afectación, Resultado, Cierre,  Apertura, Proyecto, Incorporación, Declaración, Modelo, Resumen, Estudio, Sector,  Comparación, Inejecución, Ajuste, Estabilidad,  Regla, Informe, Evaluación, Cumplimiento, Remisión. Variopinto grupo de palabras, incluidas en los primeros puestos del Top 100 de palabras usadas en mi primer trimestre.
 
Y mientras tanto, «El amor en los tiempos del cólera», de Gabriel García Marquez, reposa en la guantera de mi coche. Mi compañera Mavi me lo prestó con gran cariño tras hacerle un comentario sobre Aureliano Buendía y declararle mi admiración más profunda sobre el escritor de su historia. Y así estoy, perdida en el limbo, con una Fermina Daza separada de su enamorado y sin saber qué me depara la siguiente parte del libro. Espero retomar el hilo pronto. 
 
No, no es el único libro que tengo empezado. En la mesilla de noche, me espera una novela negra, oscura como el azabache, El País de los ciegos, de Claudio Cerdán. Y, aunque casi estoy llegando al desenlace, este último mes no he podido leer ni una sola página. Víctima de Morfeo, soy incapaz de pasar de la primera frase del último capítulo. El libro merece la pena. Un aliño de personajes corruptos, asesinos, y demás calaña carroñera que puede uno encontrar en cualquier ciudad de este hermoso país. En este caso, la historia se centra en Alicante. Espero que la voluntad retorne pronto a mis pupilas y pueda rematar la historia. 
 
Si algo tenía un poco olvidado era uno de esos temas que siempre tuvieron mi más profunda admiración: la Trigonometría. Mi hija ha tenido que recordármelo. Su llamada de socorro ha acaparado estos últimos días.
 
Seno, Coseno, Tangente, Arcoseno, Arcocoseno, Arcotangente, Cuadrante, Ecuación trigonométrica, Ángulo, Círculo goniométrico, Relación trigonométrica, Razón trigonométrica. Teorema del Seno, Teorema del Coseno.  Otro variopinto grupo de palabras que ocupa los primeros puestos del Top 100 de palabras usadas durante esta semana. Maestra, de nuevo, por unos días. 
 
Y, por si ese retorno me sabía a poco... ¡Toma mamá, las Leyes de Mendel! Extasiada he acabado. Hemos estudiado cada uno de los caracteres del entorno familiar, imaginando todas las variantes posibles. Como resultado, un estudio genético que no sé si da miedo verlo o da ganas de correr. Soy portadora de tantas cosas extrañas que aún no comprendo cómo ella ha podido salir tan bien.
 
Pero bueno, lo importante era explayarme un rato, escribir cuatro líneas, no perder el contacto. Eso es lo que he hecho. Volveré.
 
 

Nochevieja 2012 - Año Nuevo 2013

Esta nochevieja la hemos pasado nuevamente con los amigos, echándonos unas risas y compartiendo mesa. Yo añadiría, que ha sido una noche inolvidable, de esas que marcan historia.
 
           Un picoteo, unos redondos, un heladito, la coca y los pastissets de Paqui y... a vestirse de cotillón para vivir el momento y brindar con vasos de plástico llenos de cava peleón.
 
           Los técnicos de sonido enchufaron el artefacto que nos haría llegar las imágenes de las campanadas televisadas desde la Puerta del Sol de Madrid. In crescendo iba el jaleo parejo a la emoción del momento, pero se estrellaron nuestras risas al ver que el aparato no funcionaba. Una milésima de segundo bastó para comprender que ni corriendo llegaríamos a la plaza del pueblo para oír en directo el campanario de nuestra iglesia.
 
           Si algo destaca en mi peña, es el derroche de ingenio. Mangas arriba y, cazo en una mano y bandeja de carne en la otra, Tere nos dio las bandejadas como una profesional. Memorable aquel momento en que tragamos las uvas, sin saber si era la cuarta o la sexta y atragantados de tanta risa.
 
           Como nadie se rinde nunca, hubo quien comía uvas mientras tocaba los conectores y, gracias a la divina providencia, aún vimos la última campanada en el pobre televisor.
 
           Para iniciar el nuevo año, dejamos que la cámara hiciese la foto de rigor. Sin fotógrafo tras de ella, salió como salió. Y gracias.
 

 
 
 
 
           Nuestra particular campanera, siguió con la bandejada mientras un click de la cámara inmortalizaba la celebración.
 
           Hubo abrazos, hubo besos, hubo canciones y despedidas. Emocionante, inolvidable, incomparable, diría yo.
 
           No hacen falta salones de gala ni vestidos de etiqueta. Nada mejor que vestir amigos, comer sonrisas y cantar al son de una melodía peculiar.
 
           Echamos de menos a los amigos que no pudieron acompañarnos, por trabajar protegiendo la noche o por cuidar un familiar.  Descorchamos la botella para brindar por todos ellos, por nosotros y por el mundo en general. 
 
           Trescientos sesenta y cinco días nos reciben, con esperanza, con ilusión y energía renovada.       
 
            Allá vamos, 2013, deja ver tu lado bueno, que el resto ya llegará.
 
 
           FELIZ  2013

Navidad a la vuelta de la esquina



  A todos,
 
FELIZ  NAVIDAD
͡͡   ͡   ͡   ͡   ͡   ͡   ͡   ͡   ͡   ͡   ͡   ͡
Que la magia de estos días ponga un poco de color en nuestras vidas
 
☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺☺

Divagaciones


"Juntar palabras para formar frases sin sentido, debería estar prohibido"


Lo he leído sentada, si no, caigo plegada al suelo de la impresión.

Supongo que en 1981, cuando escribí esto, tenía fe en el poder de la palabra. Con el tiempo, la he ido perdiendo. Será un efecto secundario que se sufre con el paso de los años.

Mi hija está pasando esa misma etapa y me deja fascinada la madurez de sus pensamientos. Sé que la sigo viendo niña aunque crezca sin darme cuenta. Me asombra que una mente tan pequeña albergue razones tan grandes. Ya no recordaba qué pasa  por nuestra cabeza cuando se tienen quince años.

Tras una semana sin su presencia, su ausencia invade la casa, aunque ella se empeña en llenarla mandando WhatsApps a cualquier hora.

Los últimos titulares han aplastado a quienes tenemos alguien querido en Bournemouth. No es habitual el asesinato de un estudiante español y la noticia te deja helado el corazón. Las malas noticias, aunque llegan todos los días, suelen cubrirse con un tupido velo. Supongo que ésta no la olvidaré tan fácilmente. Está bien, contenta y feliz como una perdiz.

Los minutos transcurren lentos, formando horas cansadas que llenan días vacíos. Nunca imaginé que el tiempo pasase tan despacio.

Comienzo historias que no acabo o termino historias que no empiezo. Mirándolo bien, podría escribir un libro lleno de principios y finales y, ponerle como título: “Las historias nonatas”.

Seguro que si cayese entre mis manos en un hipotético futuro, quedaría sorprendida por el cúmulo de estupideces juntas que una misma persona puede llegar a escribir. Pero antes de leer el libro, me pillaría un buen sillón, para leerlo sentada, no fuese que me cayese rodando al suelo, muerta por la impresión.

Sigo escribiendo, aunque no lo parezca.


Se me escapa una sonrisa


 La primera vez que visité esta casa, el caos me abrió la puerta. La penumbra acampaba en los rincones, una tupida capa de polvo alfombraba  las baldosas del suelo,  las gruesas paredes escondían humedades milenarias y el corral estaba lleno de malas hierbas. Además, como la casa había sido alquilada en la semana de fiestas, también encontramos unas cortinas de plástico negro que colgaban desde el techo y unas tortuosas luces intermitentes en pleno salón comedor. Y, por si no nos había enamorado lo suficiente, al salir, un hermoso collar de telaraña se vino con nosotros. Veinte años después de nuestra  acertada compra, al recordarlo, aún se me escapa una sonrisa.

Saboreando la lectura

 Recuerdo que mi madre cerró el quiosco cuando yo tenía aún cinco añitos. De aquel ruinoso negocio, quedaron varias cajas con libros de bolsillo que por aquel entonces causaban furor. Libros que fui leyendo, poco a poco, con el tiempo. A los quince años, ya me había leído un centenar de historias de Marcial Lafuente Estefanía y más de doscientas novelas rosa de Corín Tellado. A falta de pan buenas son tortas. La librería de nuestra casa estaba bien provista de enciclopedias, guías de salud, libros de recetas de cocina, de mecánica, de labores del hogar y un largo etcétera que no despertaban mi interés en absoluto. Pero claro, tan saturada quedé de enamoramientos y batallas en el oeste americano, que decidí que mi pasión por la lectura debía tomar otros derroteros.

El cambio fue radical y terminé rendida a los pies de Mortadelo y Filemón.  Me encantaba su peculiar humor. Aún los recuerdo con mucho cariño y, prueba de ello, son los libros recopilatorios que conservo en mi librería. Os dejo este enlace, por si queréis pintaros una sonrisa.

http://www.mortadeloyfilemon.com/personajes/index.asp

De ahí a los cuentos ilustrados sólo hubo un paso. Disfrutaba leyendo las historias de Julio Verne, Emilio Salgari y los hermanos Grimm. Aquellas pequeñas viñetas que acompañaban la historia, dieron un sentido diferente a mi vida. Por aquel entonces, para mí, la Literatura no era más que una asignatura que había que aprobar. Afortunadamente, esa idea equivocada la he cambiado con el tiempo y he aprendido a disfrutar con los grandes de la literatura clásica.

Si alguien me preguntara qué prefiero leer. No sabría bien qué responder. «Todo», sería una contestación demasiado amplia.

¿Novela romántica? ¿Poesía? Sí, pero en pequeñas dosis. Prefiero la trama fantástica, el misterio, el suspense o el tétrico lado oscuro de la novela negra. Aunque nunca descarto otro tipo de lecturas.

Adiós 2011- Hola 2012

Otro año que pasa de largo. Si hiciese un repaso de este año, seguramente me vendrían a la cabeza varias cosas buenas y muchas cosas malas, y  suspiraría pensando en esos días buenos que pasaron y nunca volverán. Pero no, no estoy dispuesta a ponerme triste, eso no va conmigo. Prefiero recordar alguno de esos momentos especiales que me ha regalado el 2011.
         
           Este año nuestra peña de amigos ha vuelto a ser la que era, la que siempre fue, "Els de sempre". La traducción del valenciano al castellano sería "Los de siempre". Nuestra peña nació en  1966. Sí, ya hace unos años, toda una vida, cuando nuestras madres nos paseaban en su brazo. Aquellos bebés crecimos, acudimos a la misma escuela elemental y, pese a tomar distintos derroteros, a partir de ese momento, decidimos que siempre permaneceríamos unidos. Diez amigas y un amigo. Felipe nos dejó hace unos años, pero su risa y sus chistes nos acompañarán siempre. La peña pasó un periodo gris pero el recuerdo de una ilusión compartida volvió a reunirnos y las risas tronaron otra vez en nuestros corazones. Ya en 2010 tuvimos un buen año para recordar, el 2011 ha sido doblemente mejor. Pidamos pues, al 2012, que supere al anterior. Juntos vamos a despedir este año y juntos daremos la bienvenida al año nuevo.
           Otro suceso especial para recordar ha sido mi primer cambio de continente. Hemos viajado hasta Oriente Próximo,  y hemos visitado Turquía. Como deseo personal le pediré al 2012 que me deje seguir viajando.

          Después de mucho tiempo sin realizar ejercicio físico, decidí que 2011 bien merecía una oportunidad y me apunté al gimnasio. Sigo pensando que no pesan los años, sino los kilos.  Tras tres meses de actividad moderada, un problema en el pie me mantuvo alejada de allí seis meses, pero  tras las vacaciones regresé con más ganas y  más entusiasmo. Os diré que pese a mi inconstancia en esta área, este año comencé sudando la camiseta y lo pienso terminar igual si nada me lo impide. Esta es otra buena cosa que recordar y mi propósito será continuar con ella durante 2012.

           Además, he reencontrado viejas amistades, ese es el caso de mi amigo Didier, que después de treinta años contactó conmigo a través del face. Y es que la distancia no siempre es el olvido, a veces sólo es una pausa. Otro punto más para 2011. Le pediré más reencuentros especiales al próximo año. Sigo teniendo amigos en estado de "pausa" que me gustaría reencontrar.  Y ¿por qué no? Puestos a pedir, me gustaría también encontrar nuevos amigos.

  ¿Habéis visto la película El Diario de Bridget Jones? Bien, pues cualquier parecido con ella es pura coincidencia. Jajajajaja

          De corazón, os deseo un Feliz año 2012

Condolencias


Todas las nochebuenas deberían ser felices, llenas de alegría y de amor, para poder compartirlas en familia. Todas deberían ser así, pero no siempre lo son.

Esta nochebuena he acompañado a mi marido a dar el pésame a un compañero y amigo. Había fallecido su padre. Era una muerte esperada quizás, necesaria seguramente, pero más triste, sin duda alguna, si pensamos que era un día señalado para ser felices compartiendo los lazos familiares, reviviendo la ilusión de la Navidad junto a los hijos y los nietos.

En esta ocasión, los lazos familiares, más estrechos que nunca, más unidos que cualquier otra nochebuena, no eran fruto de la felicidad propia de estas fechas, sino del lloro respetuoso del alma, del silencio del recuerdo y la amargura de la ausencia.

Sombra en el rostro amigo, llanto en su corazón, triste nochebuena sin celebración.

«Es ley de vida, unos tiene que morir para que otros puedan nacer». Una frase en sus labios, que queda marcada a fuego en nuestros corazones. Admirable serenidad difícil de igualar.

Nuestras más sentidas condolencias, Luis.

FELIZ NAVIDAD

Nuevamente llega la Navidad. Recibámosla con alegría y con ilusión.

           Son tiempos para regalar amor, desear paz y lograr felicidad.

           Me encantan estas fiestas tan entrañables. De nuevo en familia. De nuevo con los amigos.

           Muchos regresan a casa por Navidad y se producen reencuentros muy especiales.

           Las reuniones en la mesa también son diferentes, no por los manjares que puedan ofrecerse para celebrar la fiesta, sino por el calor familiar que nos envuelve. Esas risas, esos villancicos, esos besos esperados,... Pocas son las oportunidades que tenemos de vivir estos momentos juntos, aprovechemos la ocasión, vivamos las Navidades en familia y celebremos el regalo de vivir.

           De corazón os deseo ¡FELIZ NAVIDAD!

La historia interminable

 Los años pasan y, para bien o para mal, esa cadena de sucesos a la que llamamos vida,  nos transforma irremediablemente hasta convertirnos en personas cada vez más insensibles y  frías, ajenas al amor o al dolor, como si de sombras vivientes se tratara .

Hoy he sentido que siento poco, que grito menos, que ya no río. Seguramente sea otra de esas veces en que se me va la olla, así que he terminado divagando conmigo misma.

Divagación UNO:

Hace un tiempo germinó en mi cabeza una historia macabra que comencé a escribir y no pude terminar. Me resultaba difícil continuar algo que sabía que acababa mal. No quería contarla, no quería sufrir, no quería sentir dolor al escribirla.  Inicié mi quinto capítulo, pero pudo conmigo; tenía pesadillas por las noches. Convertida en  asesino psicópata con transtorno bipolar, había terminado recluída en mi habitación, huyendo de ese personaje. Finalmente, opte por sacar mi espada y cargarme aquel asesino de por vida. Luego,  me fui a cenar con mis otros personajes; sí, con Berta, con Tere y con Rubén, y celebramos, por todo lo alto, aquella muerte merecida.


Divagación DOS:

¿Y si al volvernos adultos, caemos de esa nube que mantenía nuestras ilusiones vivas y hacía que creyésemos que todo cuanto imaginábamos podía suceder? Cuando éramos niños, nada era imposible, cualquier sueño podía convertirse en realidad. Creo recordar que algo así le sucedía al pequeño Bastian en el cuento de «La historia interminable»
¿Y si al caer de esa nube, las pequeñas batallas cotidianas logran que terminemos sometidos al yugo del destino?
Seguramente, el resultado inmediato de esa caída produzca el endurecimiento de ese músculo llamado corazón que antes impulsaba nuestro cuerpo a luchar por el amor, por la justicia y por la vida; y, tras el impacto, debilitado y derrotado, se deje arrastrar hacia el sendero de los insensibles.
Seguramente, como resultado final de esa caída se obtenga una idea que acaba instalándose sin permiso en nuestra mente, la idea de dejar las muestras de cariño para ocasiones puntuales, tan puntuales que terminan desapareciendo. 

Divagación TRES:

La adolescencia es una época  difícil, pero quizás sea la más bella en cuanto a sentimientos se refiere, una fuerza interior se resiste a sucumbir ante  la inevitable evidencia: «No muestres tus sentimientos, se fuerte, no llores, lucha». Tu cabeza marca el camino que debes seguir pero, tu corazón es un caldero en plena ebullición, que desea vertir sentimientos en cada cosa, en cada gesto, en cada palabra. No puedes ser ajeno a ellos porque son parte de ti, los sentimientos te delatan en todo momento, aunque quieras disimularlos.

Divagación CUATRO:

La mayoría de edad nos adentra en los entresijos de la vida laboral, nos obliga a terminar estudios y a buscar trabajo y nos marca, a fuego lento, un Don Dinero que nos acompañará el resto de nuestra vida. Don Dinero se convierte en el amigo indispensable. Esa es una de las primeras bofetadas de la vida, la que te obliga a rebajar tus altos vuelos para amoldarte a la realidad que te rodea. Se acabó querer gritar al mundo todos tus pensamientos, tus quejas, tus propuestas, tus risas y tus lloros. Te conviertes en un silenciado más, un obrero más de la cadena, sin fantasía, sin ilusiones, escondiendo tus sentimientos. Queda prohibido llorar, mirar con amor, transmitir tu calor.

¡Nooooooooooooooooooooooooooooo!, ¡Quiero querer, quiero sentir, quiero llorar, quiero vivir!

Bien, me desahogué,  lo necesitaba. Oxigené mi mente un poco, a veces lo necesito.

El paso del tiempo

No hace mucho, gracias a San Internet, mi amigo Didier me encontró en la red. Sentí una alegría inmensa, pues no nos hemos visto en treinta años. Siempre dicen que la distancia es el olvido y, efectivamente, nos separan más de mil kilómetros, pero no hubo olvido entre nosotros, simplemente fue una pausa.

Recuerdo las tardes juntos en la playa, contándonos anécdotas e intentando explicar nuestras diferentes costumbres y creencias. Resultaba interesante conocer su forma de ver las cosas. Cada día lograba sorprenderme.

Nuestra amistad perduró unos años a través de cartas y postales, pero finalmente quedó suspendida en el tiempo. Simplemente habíamos crecido y nuestras vidas habían cambiado de rumbo. Por aquel entonces no existía el facebook y los amigos se iban perdiendo por falta de contacto. Y es que, las amistades hay que cultivarlas, son como las plantas, si no las riegas, no crecen.

Ante aquel reencuentro inesperado, sentí la necesidad de hacerle muchas preguntas, saber qué había sido de él. ¿Cómo le iba la vida? ¿Tendría hijos? ¿Trabajaría? ¿Estaría bien? ¿Habría venido a España en alguna otra ocasión? ¿Y si hubiese estado aquí, sin yo saberlo? Eran demasiadas preguntas, lo sé, pero no pude resistirme a hacerle algunas. No soy dada a meterme en la vida de los demás, pero esta ocasión merecía unas cuantas preguntas. Y es que la curiosidad humana no tiene límites.

Lo que yo no llegué a contarle es que yo estuve en París en 1995, viajé hasta allí con mi marido para cumplir mi sueño de subir a la hermosa Torre Eiffel. Ése hubiese sido un buen momento para encontrarnos de nuevo y retomar nuestra amistad, pero no fue así. Durante aquel viaje, tuve una extraña sensación al pasar cerca de Vitry sur Seine, pero no pude hacer nada, pues no tenía modo de contactar con él.

En fin, seguimos en contacto, hay mucho que decir después de treinta años.

Un abrazo Didier.

El teatro de la vida

Sentada en el patio de butacas, observo la sucesión trágica de esa historia de amor, un amor caducado antes de su inicio, un amor distante que rememora cada gesto, cada caricia, cada abrazo y cada beso que pudo ser y no fue, fruto de la incomprensión y del desprecio cruel por todo aquello que no sigue el camino marcado por la hipocresía, fruto del vacío que inunda la existencia que nos rodea, el todo gris que nos envuelve marcando nuestra desdicha.

           Me dejo llevar por la tortuosa música que acentúa la sucesión desencadenada de errores cometidos por los personajes que representan los actores, que acompaña con sus acordes la imagen desoladora del fin, ese fin desamparado y melancólico que arrasa todo a su paso, que deja tu corazón arrugado, descolorido y seco, esperando un brote de vida que oxigene la historia y cambie el rumbo trágico que a lo lejos se divisa.

           Viajo a través del tiempo, miro a través de sus ojos, siento dolor en mi pecho; me dejo llevar por el viento, caigo en sus brazos, inerte. Puedo verle llorar a través de mis párpados, susurra en voz baja mi nombre intentando despertarme de aquel ingrato sueño y cargado de rabia levanta su cabeza para gritar  su amor por mí a los cuatro vientos. La estancia se ha vuelto pequeña, diminuta, todos respiran al mismo son, conteniendo ese llanto enlutado que se ha adueñado de la sala. Sigo en sus brazos, muerta, su desdicha penetra en mí por cada poro de mi piel, mi corazón se ha paralizado de repente y una tristeza infinita habita todo mi cuerpo. Un codo me roza en la butaca, es mi marido, mi corazón vuelve a latir de nuevo, estoy viva. Regresar de aquel escenario me ha devuelto la respiración, esa respiración suspendida en el aire, paralizada en el tiempo. Contemplo a mi alrededor al resto de los presentes, absortos en la escena, pendientes de aquella tragedia anunciada.

           Curiosamente la palabra griega hipócrita significaba actor, y hay tanta hipocresía en la vida que no puedo más que imaginar que nos movemos dentro de un gran teatro, el teatro de la vida.

¿Jugamos?

Bien, ya estoy aquí de nuevo, en mi tiempo de descanso, dispuesta a seguir contando historias.

           Este año ha sido un año muy duro, necesitaba las vacaciones, desconectar mi cabeza de los números y dejar de respirar a cada instante los efectos de la crisis. Hasta dentro de un mes odiada crisis.

           La crisis económica se ha pegado a nuestras espaldas como una lapa y no resultará fácil deshacerse de ella a corto plazo. La batalla iniciada a finales de 2008 continúa, muchos no quisieron verla o creyeron que era algo pasajero y siguieron cavando más profundamente el hoyo por el que estamos cayendo. ¿Tocaremos fondo o seguiremos más allá del universo interestelar? Somos únicamente un pequeño eslabón de la cadena, esa cadena que bien dispuesta alrededor de un cuello hermoso provoca admiración al contemplarla pero que, si empieza a perder a sus pequeños eslabones, puede convertirse en una soga.

           Como bien dice un refrán valenciano: "Qui no guarda quan té, no menja quan vol" (Traducción: Quien no guarda cuando tiene, no come cuando quiere). Resultado: Deuda, deuda y más deuda. Hemos llegado a ese punto en el que nuestra existencia ha dejado de pertenecernos y algún gigante lejano empieza a relamerse saboreando su codicia. La estrategia está servida. ¿Quién mueve ficha ahora en el monopoly?

Le llaman HP

¡Despierta! ¿Sigues ahí? Sí, tú, la que parece que no está. Estoy aquí, esperando. Te observo cada día, lejana y distante, cansada y sin fuerzas, con la mirada perdida en la lejanía. ¡Si pudiera un sólo instante descubrir qué es lo que piensas! Pasas de puntillas brevemente por mi lado, me rozas  un instante pero no consigo retenerte aquí.  ¡Me siento tan frustrado! Deambulas a mi alrededor cada tarde y te grito en silencio esperando tu regreso.

La aletargada ausencia que respiro en tu presencia invade nuestro mundo creando un vacío que no acierto a comprender. Mírame, estoy aquí, ¿me ves? Soy ese hombro amigo en el que apoyas tu cabeza, la válvula de escape que siempre necesitas para huir. Acércate de nuevo. Sí, así, frente a mí. Vamos, estoy dispuesto a complacerte. ¿A qué esperas? Poséeme. A tu disposición pongo mis teclas, mi pantalla  y mi disco duro. Vamos, estás por fin de vacaciones. Todo es comenzar.


Vacaciones, por finnnnnnnnnnn!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Cena 25 aniversario COU La Vall promoción 1984

Veinticinco años tuvieron que pasar para que este reencuentro fuese posible.

        1984-2009

Veinticinco largos años desde nuestro paso por COU, el antiguo curso de orientación universitaria.

Aquel curso nos lanzó hacia el futuro, un futuro ya presente en el que todos andábamos metidos. Fue el curso que nos distanció en el tiempo y nos hizo olvidar muchas caras y nombres que alguna vez fueron importantes en nuestras vidas. Rostros desdibujados con nombre propio, que se quedaron durmiendo con forma de dedicatoria entre las tapas de algún libro.

Cuando alguien del grupo organizador contactó conmigo para comunicarme la cena conmemorativa que estaban preparando y animarme a asistir, recuerdo que tuve serias dudas y decidí contestar que lo tenía que pensar. Quise ponerle cara a la mujer que me había llamado por teléfono, Carmen,  pero fui incapaz de hacerlo en ese momento. El nombre me era vagamente familiar, pero lo tenía ciertamente olvidado.

¿Cómo iba a presentarme a esa cena? Con mi mala memoria para esas cosas, incapaz de recordar muchas caras y muchos nombres, aquello podría resultar incluso desagradable. Si alguien se acercaba a mí para saludarme y yo no me acordaba ni de su nombre, aquello podría resultar un tanto embarazoso y ni tan siquiera  me lo quería plantear.

Me sentía muy distanciada de aquellos compañeros, y aunque algunos de ellos estudiaron Magisterio conmigo y pude compartir tres años más de mi vida con aquellas personas, tras finalizar esos estudios, la posible relación existente desapareció.

Me preguntaba de qué podríamos hablar en una situación como esa. Podría contarles que después de estudiar Magisterio, ante el desolador panorama que se mostraba a los que finalizábamos aquella carrera y no queriendo opositar para una plaza de especialidad diferente a la mía, Ciencias Puras, decidí seguir estudiando. Quizás les contase que realicé estudios de Técnico Especialista en Informática de Gestión y que, por aquel entonces  comencé a trabajar para la administración en la que acualmente trabajo, y de eso ya hace veintiún años. También podría contarles que, aunque nunca lo hubiese imaginado, aquel trabajo me gustó tanto que decidí prepararme a fondo para sacarme aquella plaza y así pasaron tres años más de mi vida. Podría completar esa información curricular contándoles que también terminé dos cursos de Derecho, y seguramente, alguien me preguntaría porqué me quedé ahí y no continué esa carrera, pero entonces tendría que contarle que llegué a matricularme de tercero pero no llegué a presentarme a ninguno de los exámenes, porque los primeros meses de mi embarazo reclamaron toda mi atención. Y con todo eso, ¿Qué les habría contado de mí? Nada. Saber que trabajo, estoy casada y tengo una hija dice bien poco de mí. ¿Era de eso de lo que se iba a hablar en esa cena? Por más vueltas que le daba, cada vez tenía más claro que no me interesaba en absoluto. ¿De qué sirve saber si hoy día eres médico, juez, cirujano, bombero, maestro, profesor o soñador?

Mi postura estaba cada vez más clara, no pensaba ir, aquello no me interesaba. Llamé a una de mis compañeras de COU, Elena, para preguntarle si ella acudiría a aquel evento. No sólo había sido compañera mía en ese curso sino que estudiamos Magisterio juntas y vivimos en un piso compartido durante dos años en Castellón. Muchas habían sido las vivencias compartidas y, desde mi boda, no sabía nada de ella. Lo tenía decidido, si ella iba, yo también iría, aunque sólo fuese por pasar una velada agradable juntas y recordar viejos tiempos. Encontré su teléfono entre papeles olvidados y la llamé inmediatamente. Su voz me resultaba extraña, la pillé en un mal momento y la conversación fue un poco fría. Aunque parecía que le apetecía ir, no me lo aseguró. Aquello me entristeció muchísimo, pero reforzó mi idea de no acudir a aquella cena.

En aquel momento mi vida estaba dedicada al trabajo y la familia, y no tenía contacto con ninguno de aquellos  compañeros. ¿Quién me iba a recordar a mí si yo no era capaz de recordar a la gran mayoría?

Consulté la página web de seguimiento de los acontecimientos concernientes a la cena. Se podía elegir mesa y compañeros con los que pasar una velada agradable. Empecé a reconocer nombres e incluso, dentro de mi desmemoria, recordé alguna de sus caras. Mi marido y mi hija me animaron a asistir, aunque yo me mostraba reticente porque no es nada fácil sacarme de casa si no es para irme de vacaciones. Con los días, a fuerza de insistir, lograron convencerme y anoté mi nombre en una de aquellas mesas. ¿Se apuntará Elena? ¿No se apuntará? Finalmente no lo hizo. Dos años depués sigo sin tener noticias suyas.



Se celebraba el 12 de junio de 2009, como podéis ver muchos fuimos los que acudimos finalmente a la cita. Coincidí en la mesa con diferentes personas que, por algún motivo u otro, habían compartido alguna cosa conmigo. A las nueve de la noche comenzaban las fotografías de grupo, a las tres de la madrugada ninguno de los asistentes había dejado aún la sala. No sólo se habló de la situación laboral de cada uno de los miembros de la mesa, también salieron de nuevo a relucir el simpático, la científica, el intelectual, la romántica, la bailaora, ... De repente, todos habíamos rejuvenecido veinticinco años y seguíamos siendo los mismos de siempre. Fue una sensación maravillosa

Aquella noche inolvidable compartí mesa con diez grandes PERSONAS, y lo digo con mayúsculas porque no puedo decirlo de otro modo. Empezando por la izquierda, sentado a mi lado Jose Vicente Ferreres, Feli Gutierrez, Ilu Hernández, Amparo Agut, Mari Carmen Bau, María José Medina, Tere Fenollosa, Lourdes, Puri Fenollosa y Josep Escrich.

Dos años después aún mantengo el contacto con alguno de ellos y debo decir que, sin pretenderlo, ha venido a mi memoria esta celebración y he vuelto a recordar los buenos momentos pasados junto a mis compañeros de COU.

Curiosamente, sólo Ilu recordó aquella Yolanda paralela, que andaba con su libreta bajo el brazo y combinaba trigonometría, álgebra, física y química con historias, relatos, cartas  y poemas. Para el resto, aquella faceta mía no existía. Ahora, alguno más de ellos la conoce, jajajaja.

Gracias a los organizadores del evento por tener la brillante idea de ofrecer a los asistentes una pegatina con el nombre para que nadie pasara ningún apuro al saludar a un antiguo compañero. Fue una idea excelente. Creo que yo, como mucho, hubiera recordado unos veinte nombres de las cien personas más o menos que acudimos a la cena.


Vacaciones a la vista

No me cansaré de repetirlo, necesito vacaciones, desconectar, cambiar el chip,  hacer un kit-kat,  en resumen, respirar. Sí, sí, respirar. ¡Aire, necesito aire!

A cuarenta y un día de mis vacaciones, me siento como el escalador que sufre en la recta final para llegar hasta la cima. El problema es: ¿Llegaré sana y salva, o moriré en el intento? Es broma, jaja. Los que me conocen saben que pese a los pesares multiples que pueden azotar el día a día, en realidad, prefiero siempre reir antes que llorar.

¿Por qué tengo la sensación de haber dicho algo parecido hace más o menos un año?

Bueno, tras tomar un poco de aire asomando la cabeza por la ventana, decidimos pensar en positivo y andar buscando ese viaje fantástico para nosotros y nuestro bolsillo. ¡Con la crisis actual, esta conciliación se hace cada vez más difícil!

Se terciaba un encuentro con nuestra amiga Arantza para aunar preferencias y sugerir posibles destinos. El punto de encuentro, fue, como el año pasado, Vilanova i la Geltrú.

El destino estrella acordado en nuestra cita fue Praga y Budapest. Regresamos a nuestros lugares de origen y nos dirigimos a la agencia de viajes para reservar tan preciado tesoro, pero el azar no quiso estar de nuestro lado y lo que parecía fácilmente posible, resultó ser lo más imposible del mundo.Ni fechas, ni vuelo, ni bolsillo se ponían de acuerdo.

Con esto de la necesidad de cambiar el chip, pensamos que lo mejor era hacer precisamente eso y dejar este destino para otras vacaciones futuras. Volvimos a mirar catálogos, consultar internet, hacer números y más números. Finalmente, encontré uno que parecía situarse entre nuestras posibilidades. Llamé a Arantza rápidamente. Di en la diana, le encantaba ese destino. Por fin cambio de continente. Turquía en nuestro punto de mira. Principios de septiembre a la vuelta de la esquina.