domingo, 26 de febrero de 2012

Bendita Comunidad

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La  cadencia de sus pasos era diferente, al fin le estaba haciendo efecto aquel régimen milagroso que había comenzado meses atrás. Más que un oso parecía una gacela.

          La pintura resquebrajada del techo había dejado de caer sobre mi plato de sopa y el ensordecedor ruido de su vieja mecedora por fin había enmudecido.  Todos los días, el agónico grito de la madera de ese pobre balancín atravesaba las bovedillas y como si fuese una barrena de alta velocidad, anidaba en lo más profundo de mi cabeza, escupiendo  materia gris por  todas las paredes.  ¡Hartito me tenía ya el dichoso ruido!

           El día que me enteré que la del cuarto estaba adelgazando, lo celebré tomándome un rebujito en la ventana de mi cocina. El aire me pareció más  fresco y el sol se me antojó de un amarillo más intenso.

            Es lo que tiene vivir en un piso de dimensiones exiguas y medianeras de pladur,  que se oye hasta el vuelo de las moscas y los tacones de tus vecinos parecen apisonadoras.

           Mi hogar volvió a ser un remanso de paz y pude realizar mi trabajo de teleoperador con total dedicación y cortesía.

           Tras meses de sosegada calma, unos nudillos golpearon la puerta de mi casa. La vida de un solitario como yo, pocas veces se ve interrumpida, pero esa me sorprendió con creces. Una nota bajo la puerta, me anunciaba que había sido elegido nuevo Presidente de la Comunidad. A las catorce horas había Junta y tenía la obligación de asistir. Finalmente, tendría que verles las caras.

viernes, 24 de febrero de 2012

¿Por qué tanta urgencia?

La niebla cayó pesada, atrapando en el desconcierto a quienes aún se hallaban en dirección a alguna parte.

          Samuel  fue sorprendido de vuelta a casa y decidió apagar el motor de su coche.  Los mortecinos puntos de luz  le recordaban que no estaba solo. Una intensa ola de frío recorrió su cuerpo obligándole a salir en busca de  refugio. Sus pasos le adentraron en aquella espesura y se topó con una puerta.  La aporreó varias veces, gritando que necesitaba entrar. La niebla se disipó justo cuando se abrió la puerta.  Una  antipática cara le preguntó: ¿Por qué tanta urgencia? ¿No ve que los otros están vacíos?

          Las puertas contiguas estaban abiertas. Una señal indicaba que eran los Servicios de Caballeros.

martes, 21 de febrero de 2012

Aquel día

El pelotón de fusilamiento avanzó hasta la línea de fuego situada frente al paredón y esperó la orden de esa voz afilada que firmaría mi sentencia de muerte. Los ojos que me miraban delataban el miedo desbocado, traicionando la injusticia de un poder incontrolado. Triste escena sin alma, con protagonistas de cartón-piedra debutantes en el guiñol de la tragedia. Una obra de guiñol cuyo personaje principal era el que yo representaba. ¡Qué ironía!

Un instante  bastó para sopesar el sinsentido de mi vida y concluir que sólo fui un ser inexistente. El mundo seguiría sin mí, sin pensar que hubo un día en el que yo estuve aquí. Además, cuando la parca viene a buscarte, se regodea mostrándote instantáneas de tu vida. Yo las vi durante una fracción de segundo. Aquel vertido incontrolado de imágenes acuchilló todo mi cuerpo y vació de esperanza los rincones de mi mente.

Fui séptimo hijo de una familia pobre, y no fue bendición, sino carga, lo que supuse para mis padres. Pastoreo de ovejas, fue el legado recibido de ellos. Dos manos fuertes y un corazón valiente, fueron los causantes de mi desdicha. Un amor platónico me condujo a una batalla sin causa en defensa de su honor. ¡Quién iba a decirme a mí que aquella joven era la hija del coronel! ¡Si al menos ella hubiese reparado en mi presencia!

Suspiré sin fuerzas y encomendé mi pobre alma al Señor. Cerré los ojos creyendo que aquello ayudaría a mis jóvenes verdugos. Uno de los que me apuntaban fue el causante de la disputa. Ya no había bravura en su mirada y, si no fuese por el sol plomizo que caía aquella tarde, hubiese jurado que vi caer una lágrima de uno de sus ojos.

Una palabra: ¡Apunten! El Silencio.

El desconcierto se respiraba en el aire. Temía abrir los ojos y descubrir que estaba muerto. No sentía dolor ni sufrimiento. Escuché murmullo de palabras y pasos que se alejaban. Alguien se acercó hacia mí para decirme que podía irme a casa, que los fusilamientos habían sido prohibidos y yo me había librado por los pelos.

 En aquel instante vi que mi cuerpo andaba solo, mientras yo aún seguía pegado al paredón de fusilamiento. Siempre fui corto de entendederas, pero gracias a aquel día aprendí que toda existencia siempre es importante, incluso la mía, aunque entonces aún no lo sabía.

Acompañé a mi cuerpo hasta la salida de esa plaza porticada, acomodándome de nuevo en los recodos de mi piel.

Apoyada en el quicio de una ventana, sorprendí llorando a la mujer por la que tanto había suspirado mi corazón y despedí mis suspiros con ella. Al verme, se lanzó a mis brazos, compartiendo conmigo el sabor salado de sus lágrimas. Mil veces pidió perdón por las acusaciones de su padre, mil veces le respondí que ella no tuvo la culpa.

Me confesó que su enamorado era otro soldado y que, el soldado que peleó conmigo pretendía, mediante falsas injurias, destrozar aquella relación. Al intervenir, yo me llevé la peor parte. Su padre, me vio cara de rojo y quiso salvaguardar la honra de su hija. En resumen, decidió  matar al perro y así, aniquilar la rabia.

Despojado de mis vendajes, sentí mi corazón libre nuevamente y una sensación de paz infinita dio un sentido nuevo a mi vida.

Regresé a esa casa oscura que no esperaba mi presencia y  me encontré una mujer menuda llorando sobre la mesa. El pelo moreno por capa y sus manos por escudo, impedían que descubriese quién era esa persona. Quise permanecer callado, contemplando aquella escena, pero estar vivo me hacía respirar. ¡Nunca pensé que el silencio hiciese tanto ruido! Levantó su cabeza y me encontré a la pequeña Adela, la hija de don Ernesto, el vecino de mi abuela. Aquellos ojos almendrados iluminaron toda la estancia y sus inmaculados dientes me dieron la bienvenida. Aquel fue el primer día del resto de mi vida.

 ¿Por qué os cuento  esto? Porque estoy escuchando la canción de Marisol y mis nietos, que saben que me gusta, le han dado más volumen. Sí, sigo pensando que «La vida es una tómbola».

      

          

viernes, 17 de febrero de 2012

Finalista en Radio Castellón: Semana del 13 al 17 de febrero

Acabo de saber que esta semana he sido finalista en el concurso semanal de microrrelatos de la Cadena Ser. Con la frase: Si miento, ¡Que ahora mismo me parta un rayo!

Si os apetece, podéis leerlo accediendo a  www.radiocastellon.com, en la sección Participa, en el apartado microrrelatos ganadores. 

Si preferís escuchar el programa, está disponible en la sección Audio. Ha sido emitido hoy, día 17, en Hoy por hoy Castellón, unos veinte minutos antes de emitir Hora 14 Castellón.

Gracias por estar ahí y seguir leyéndome.

lunes, 13 de febrero de 2012

Sentimientos de soledad

Sin ti,

El mundo se me hace pequeño
y me sienta grande la vida.

                      Sin ti,
                           Mi esencia no tiene sentido
                           y mi buque parte sin guía.

Sin ti,
Mis largas noches son eternas
y mis venas están vacías.

                                     Sin ti,
                            Todas las canciones son frías.

Sin ti,
Vivir es quedarme sin vida.



(1987)

domingo, 12 de febrero de 2012

Carta de amor

                                                                                                    14 de febrero

Cariño,

Te escribo estas letras, esperando que puedas leerlas, porque algunas palabras no brotan en mí todos los días y tú das por hecho que no son necesarias. Pero no es así.

           Sabes que te quiero y sé que tú me amas, pero no voy a enmudecer mis sentimientos, me resisto a pasar un año más sin sentirme afortunada.

           Sí, ya sé que no somos de celebraciones: anti-aniversarios, anti-san Valentín. ¡Anti-tantas cosas!…

         ¿Recuerdas cuando nos conocimos?  Raro era el día que no celebrábamos algo. Sí, atrás quedaron aquellos días, en los que estar juntos  ya era una  gran fiesta.

           ¿Nostalgia? Quizás.  

           Veinticinco años han pasado desde que te conocí y ni siquiera lo recordaste. Sí, el diecinueve de enero ¿Ahora caes?

           Eras la persona más cariñosa que había conocido. Y yo, una romántica empedernida. ¿Qué nos pasó?

           Sé que en algún rincón de nuestro corazón siguen escondidos aquellos jóvenes enamorados que lucharon por estar juntos toda la vida.

          Sólo quiero decirte, Te quiero. Gracias a ti, me siento afortunada.

             Esta noche, dejaré esta carta en tu mesilla, fingiré que sólo es otro 14 de febrero que no tenemos nada que celebrar, pero sé  que cuando la leas, ese joven enamorado me vendrá a buscar.



           Feliz San Valentín.




viernes, 10 de febrero de 2012

AL FILO DEL TABURETE

El rechinar de dientes lo delataba. Pretendía ignorar la pesada soga adherida a su cuello y salir airoso de aquella pesadilla que lo torturaba, pero la realidad se empecinaba en recordarle que era él, y no otro, quién se hallaba en tal camisa de once varas. Pocas horas antes, se ofreció para acompañar a Luis a cobrar una deuda de juego. Pensó que su corpulencia intimidaría al individuo que iban a visitar y zanjarían sin problemas la situación. Aún retronaba en su cabeza la gran risotada de aquel hombrecillo cuando fue instado al mencionado pago. Su numerosa familia acudió a la llamada y rápidamente les dejó inmovilizados. ¿Quién le mandaría ser tan fanfarrón? Sí, la cuerda estaba apretada, su vida en manos de otro, el miedo calándose hasta los huesos. Una orden marcó el fatídico desenlace que iban a presenciar en primera persona. Se sentía pequeño, indefenso e inmóvil. La suerte estaba echada. El destino se burlaba de él. Al taburete que tenían bajo los pies, de madera maciza, le quitaron dos de las cuatro patas. Ahora era un equilibrista. Su vida dependía de ello. Si fallaba, moriría ahorcado.

Le he hecho caso

En un bar de Castellón,  Juan le cuenta a alguien qué le ha ocurrido esa misma mañana.

─Estaba en el andén de la estación y un tío  se ha acercado y me ha saludado. ¡Claro! En ese momento, ante la duda, le he seguido el rollo. Pero al pedirme que fuéramos a tomar unas cañas,  le he dicho que estaba en el paro y no tenía un puto duro. Ahí, se han acabado las tonterías. Por lo visto, ese circo le funciona a veces y consigue que le inviten a una caña y un pincho de tortilla. El hambre siempre le espabila a uno, ya se sabe. Me ha aconsejado que yo hiciera lo mismo. Así que yo, le he hecho caso.

─¡Ya! ─contesta secamente su airado interlocutor.

Juan, desde la mesa, observa  cómo  paga al camarero y se va con viento fresco.

martes, 7 de febrero de 2012

Imagino

           ─Imagino el mal trago que debió pasar Rosa cuando la conserje de la Casa Mayor le espetó con sorna que, o esa amiga que la visitaba todos los días se afeitaba el frondoso bigote que lucía en la cara, o tendría  que realizar una llamada a sus padres indicando tal circunstancia, ya que las normas de decoro y honra de la Casa prohibían terminantemente las visitas masculinas en las habitaciones de las féminas que allí moraban.
           ─¡Vaya trago! Pues yo prefiero no imaginar la cara que pondría Matilde cuando Rosa le pidió que se afeitase el bigote.

jueves, 2 de febrero de 2012

Cachitos de Amor

 El Amor, ese extraño escondido en algún rincón del alma.

           Nos persigue incesante hasta atraparnos en sus amplias redes. Nos atonta, nos alegra, nos hiere, nos inflama, nos amarga, nos aturde, nos adula, nos incita y nos atrapa. ¡Ay, amor, amor! Sin ti ¿Qué sería de este mundo?

           Un motor que nos guía, una razón poderosa para seguir con vida. Así nos lo muestra Francesc Barberá en su relato ganador «El Ahorcado». La fuerza concentrada en cada letra y cada silencio lo convierten en una Oda al Amor en tiempos de desamor. Enhorabuena Francesc.

          Cachito a cachito, en este libro encontramos, trescientas historias escritas con el corazón que embelesan al lector, inyectándole irremediablemente el frenesí del amor.

           Ha sido vestido con portada de lujo por Santi Vidal Vallejo, e ilustrado con obras de arte de la mejor categoría. Arte creado por los GRANDES niños artistas de la Fundación Borja Sánchez. Para todos ellos, nuestra mayor ovación.

           Me alegra pensar que un cachito de mi corazón está unido al de otros tantos. Creo en el amor y sé que Siempre será rojo carmesí.

           «Cachitos de Amor» es el fruto del I Concurso de microrrelatos románticos realizado por ACEN (Asociación Cultural de Escritores/as Noveles), un libro cuyos beneficios serán donados a la Fundación Borja Sánchez para su destino al fomento de la lectura entre los niños y niñas con parálisis cerebral.

          Ya a la venta, desde el 1 de febrero, en la librería Argot de Castellón , la librería Laie de Barcelona y la librería Primado de Valencia.