viernes, 14 de octubre de 2011

El paso del tiempo

No hace mucho, gracias a San Internet, mi amigo Didier me encontró en la red. Sentí una alegría inmensa, pues no nos hemos visto en treinta años. Siempre dicen que la distancia es el olvido y, efectivamente, nos separan más de mil kilómetros, pero no hubo olvido entre nosotros, simplemente fue una pausa.

Recuerdo las tardes juntos en la playa, contándonos anécdotas e intentando explicar nuestras diferentes costumbres y creencias. Resultaba interesante conocer su forma de ver las cosas. Cada día lograba sorprenderme.

Nuestra amistad perduró unos años a través de cartas y postales, pero finalmente quedó suspendida en el tiempo. Simplemente habíamos crecido y nuestras vidas habían cambiado de rumbo. Por aquel entonces no existía el facebook y los amigos se iban perdiendo por falta de contacto. Y es que, las amistades hay que cultivarlas, son como las plantas, si no las riegas, no crecen.

Ante aquel reencuentro inesperado, sentí la necesidad de hacerle muchas preguntas, saber qué había sido de él. ¿Cómo le iba la vida? ¿Tendría hijos? ¿Trabajaría? ¿Estaría bien? ¿Habría venido a España en alguna otra ocasión? ¿Y si hubiese estado aquí, sin yo saberlo? Eran demasiadas preguntas, lo sé, pero no pude resistirme a hacerle algunas. No soy dada a meterme en la vida de los demás, pero esta ocasión merecía unas cuantas preguntas. Y es que la curiosidad humana no tiene límites.

Lo que yo no llegué a contarle es que yo estuve en París en 1995, viajé hasta allí con mi marido para cumplir mi sueño de subir a la hermosa Torre Eiffel. Ése hubiese sido un buen momento para encontrarnos de nuevo y retomar nuestra amistad, pero no fue así. Durante aquel viaje, tuve una extraña sensación al pasar cerca de Vitry sur Seine, pero no pude hacer nada, pues no tenía modo de contactar con él.

En fin, seguimos en contacto, hay mucho que decir después de treinta años.

Un abrazo Didier.

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