domingo, 3 de agosto de 2014

La carrera



Levanté mi cabeza cuando llegué a la meta y respiré lentamente, temiendo agotar aquel elixir de vida que venía a recibirme. Las manos apoyadas en mi cintura, obligaron a mi cuerpo a permanecer quieto para recuperar el aliento. Clavado en mis deportivas observé un barullo de caras que se movía a cámara lenta. Sentí que las tropas internas de mis venas corrían aún desconcertadas por los túneles de mis cavidades librando su propia batalla. La desaceleración me provocó un vahído y doblé mi cuerpo hasta sujetar mis rodillas con las manos. Aquel equilibrio triangular provocó la calma celular que necesitaba mi cuerpo.


        Contemplé abrazos sudorosos, palmadas de reconocimiento sobre hombros desconocidos, lágrimas de triunfo y lágrimas de desencanto. Evadido del mundo, una súbita felicidad se instaló en mi rostro y una sonrisa inocente asomó en mis labios.


        Fue mi primera carrera. El mérito, simplemente alcanzar la meta.

        

  

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