domingo, 4 de marzo de 2012

Ahí estaba ella

Reformar la cocina no había sido ningún camino de rosas, pero se propuso terminar la obra antes de llegar la primavera y lo había conseguido. La inauguración de «La Mesa de Raquel» sería el veintidós de marzo.

           Cocina tradicional y trato familiar eran su reto. Ella había sido cocinera en restaurantes de alta categoría  y al convertirse en propietaria del antiguo palacete de sus antepasados, decidió montar su propio negocio. El idílico lugar atraería a la gente y su arte culinario cautivaría a los paladares más exigentes.

          Tuvo que tirar un muro de mampostería para  incluir una zona desaprovechada del jardín trasero y construir una nueva despensa de gran capacidad donde almacenar los alimentos no perecederos. Dentro, instaló varias filas de armarios, unos  provistos de baldas móviles y otros con baldas giratorias. Con ello, pretendía eliminar ese punto muerto donde caducan ciertos alimentos por culpa de la fatalidad.

          El mobiliario de la cocina era de una firma española instalada en Guipuzcoa, y los electrodomésticos, únicos en su gama, la última creación hallada en una exposición de Príncipe de Vergara, en Madrid. El derroche de tecnología y diseño, daban ese toque pluscuamperfecto que Raquel buscaba para su cocina.

           Colocó cada utensilio en el  lugar que le correspondía y revisó personalmente la perfecta disposición de cada balda de trabajo, cada cesto, cada bandeja, cada cajón y cada gaveta de su flamante cocina. Todo se encontraba debidamente colocado.

           Del comedor y su decoración se había encargado su marido, y del jardín exterior del palacete, una empresa de jardinería. Dos días antes de la inauguración había finalizado los preparativos. Para celebrarlo, quiso hacer el estreno preparando una cena íntima para los dos.

           Habían habilitado un comedor privado, con un mirador acristalado que permitía ver las estrellas en una noche cálida como aquella. Puso su mantelería de hilo sobre la mesa y situó milimétricamente su cubertería de plata. Las piezas únicas de su vajilla de porcelana pintada a mano y el pequeño buquet de rosas blancas en el centro de la mesa, eran adorno suficiente.  Una cubitera de plata con hielo mostraba el lánguido cuello de la botella de cava que contenía. Las copas de cristalería de Bohemia remataban el conjunto.

           Entrantes de paladar fino y una exquisita ternera con salsa de setas deleitarían a su marido. Su mouse de mascarpone pondría la guinda final.

           Sólo necesitaba veinte minutos para vestirse de gala. Su marido había tenido que asistir a un comité y tardaría poco en llegar. Le esperaría en el salón y juntos entrarían en el comedor privado. Cenarían y tendrían una conversación agradable. La noche les traería lo demás.

           Sentada en el sillón central de la sala de recepciones, semejaba una reina en su altar esperando a su fiel amante. Llegó al fin y la encontró radiante. Ahí estaba ella, dulce e insinuante. Tras un apasionado beso,  cogió a su esposa en sus brazos y la llevó a la habitación. La celebración duró toda la noche.

           El desayuno con ternera lo recibieron con agrado.

6 comentarios:

  1. Yolanda, leyendo este relato, sólo cabe desearle suerte a Raquel con su negocio. Has sido capaz de introducirme en el trasiego de la apertura de su restaurante y el colofón de la inauguración es espectacular.

    A seguir así.

    Abrazos.

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  2. El desayuno no fue con diamantes, pero la ternera triunfó. Jajajaja

    Un abrazo.

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  3. Eh! Hola Yolanda!
    me he desaparecido un tiempito, pero he leido todo ;D
    te felicito por ganar el concurso, ya sabes que eres muy buena, y yo se que tienes pasta para esto.

    Recomendada la ternera, jajajaja

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  4. ¡Qué alegría Eugenia!
    Gracias. Tus elogios me han sentado bien. Siempre anima que te digan una cosa así.
    Sé que tengo mucho que aprender aún, pero no cejaré en mi empeño, aunque algunos tengáis que sufrir mis delirios de escritora. Jajajaja
    Ya me gustaría a mí tener más tiempo para escribir pero las letras no me dan de comer.

    Por cierto, te recomiendo la ternera. Jajajajaja

    Un abrazo muy fuerte.

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  5. La verdad es que me esperaba un final diferente, mas dramático quizás, o mas surrealista, pero bien esta lo que bien acaba
    XAvi

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  6. Gracias por tu visita Xavi.
    Algunas veces dejo volar mis neuronas y logro dar ese toque especial e inesperado. En este caso, mis neuronas no quisieron despegar. La próxima, tal vez.

    Suerte con tu exposición. Un abrazo.

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