martes, 5 de febrero de 2013

Llamaron a la puerta



Mallas de encaje, falda de escaso corte y blusa  sin botones. Desde el otro lado de la mesa, aproximó su busto para indicarme el lugar exacto donde debía estampar mi rúbrica. Centré mi  atención en el contrato de hipoteca inversa.

Llamaron a la puerta y entró Rosario. Sus medias gruesas se agolpaban sobre los tobillos hinchados, la recatada falda sobrepasaba un palmo su rodilla y bajo su blusa asomaba la camiseta de felpa negra que tanto le gustaba.  Jamás había visto nada tan hermoso.

8 comentarios:

  1. Yolanda, un relato hinoptico que te hace colocarte en la piel de ese ingenuo cliente que está a punto de firmar su "sentencia de muerte".

    Un abrazo.

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    1. Donde vi una soga aflojada ves una sentencia de muerte, jajajajaja. Como siempre, todo depende de cómo se mire.

      Un abrazo.

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  2. Poco -o nada- que añadir al comentario de Nicolás, pero, por aquello de dejar constancia,: sin botones, entendido. Pero, ¿sin velcro? Salvado por la campana. O por el golpe de nudillos en la puerta: toc, toc. Excelente micro, o mini o lo que sea.

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    1. Tan obnubilada estaba con la camiseta de felpa, que ni me había planteado los cierres alternativos de la blusa del primer personaje.

      La próxima vez que escriba sobre blusas sin botones, intentaré aclarar si el cierre es de corchetes, si la blusa va cruzada y se abrocha con un lazo, si cierra con socorrido velcro o con lacitos de raso adornando la solapa o si, por culpa de la ausencia de botones, la persona en cuestión, más que el canalillo enseña el canal de Suez.
      Lamento no poder dejar claro este punto en esta ocasión. Gracias por tu comentario, Janial.

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  3. Me gustan los relatos abiertos...
    Un abrazo.

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  4. La belleza tiene varias formas. Diría que tiene sus propios momentos también. Pero qué mejor que sea la belleza responsable de la incomprensible felicidad que sentimos.

    Una gran abrazo.

    Y una disculpa por mantenerme tan alejado de este hermoso blog estos últimos días.

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    1. Gracias Julio. Debería disculparme yo, que acabo de darme cuenta que no había leído este comentario. Yo misma me he alejado de mi propio blog. Quizás esté sufriendo una crisis de identidad. Espero que no me dure veintitrés años, como la última vez que dejé este amado oficio de lado.

      Un fortísimo abrazo.

      P.D. Que sepas que te sigo leyendo, aunque mi apatía literaria me impide hasta escribir comentarios. Creo que ya me habrás puesto tres faltas, imperdonable.

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