lunes, 24 de enero de 2011

Secreto entre hermanas (Parte Final) (Fin)

─Lo siento Jorge, no quiero que me quieras. Tú eres un hombre honrado y trabajador. Eres sincero y honesto. No debes querer a una persona como yo. No podrías ser feliz conmigo.

           Marina se levantó y se acercó al estanque, con la mirada ausente posada sobre los patos y las palomas. Se la veía más serena, con el rostro más relajado, pero aquellos ojos tristes la delataban. Su intención era dejar libre a Jorge y finalizar aquella conversación del modo más civilizado posible.

           Jorge tenía miedo de perderla, la había amado en silencio durante mucho tiempo, había esperado a que ella se reencontrase consigo misma y le correspondiese, la había deseado profundamente rozando el límite de la desesperación. ¿Cómo iba a consentir que ahora se le escapase? Se acercó a ella.

           ─Marina, mírame a los ojos y dime que no me quieres.

           ─No me hagas esto Jorge, sabes que te aprecio, si no fuese así no te habría contado nada de mí. Necesito poner en orden mi vida y creo que no te beneficia en nada quedarte conmigo. No puedo amarte.

           Jorge, apoyado en la balaustrada del estanque, recompuso en su mente las palabras que acababa de escuchar. Estaba seguro del amor que sentía hacia ella y creía que ella también le amaba. Antes de intentarlo por última vez, debía contarle quién era él. Puestas las cartas sobre la mesa, ambos decidirían qué camino debían de seguir.

           ─Marina, yo también necesito contarte quién soy. Quiero que lo sepas todo de mí y luego pienses si quieres apartarme de tu lado o no.

           ─Bien Jorge, es justo. Tú has aguantado mi charla sin rechistar, así que prometo escucharte sin salir corriendo. Al fin y al cabo, tú tampoco lo has hecho.

         ─Nací en un pueblecito de Cáceres, estudié la carrera de Derecho y luego me especialicé en Criminología. Entré a formar parte del Cuerpo de la Policía Nacional en 1990 y no tardé mucho en convertirme en Subinspector de la Policía Judicial de mi comisaría. Sí, soy policía, lamento no haberte dicho nada antes.

           Marina le miró atónita, sin dar crédito a sus palabras, con cara de asombro, sin saber qué decir, incapaz de reaccionar. Jorge comprendió que una noticia de tal calibre podía ser demasiado impactante para ella. La cogió del hombro y la acompañó hasta el banco donde habían estado sentados.

           ─Aunque al principio no sabía nada de ti, no tardé en enterarme de la dura infancia que habías tenido. Los amigos de Javier lo confesaron todo. Y aunque no tenía la certeza de que tú hubieses realizado aquellas heridas en la espalda de Rubén, verdaderamente lo sospechaba.

           ─¿Cómo he podido estar tan ciega? Creí que no podrías soportar mi historia.

           Parecía afectada, daba la impresión de estar ordenando las ideas en su mente, como si no fuese capaz de asimilar lo que Jorge le acababa de contar. Intentó disimular su shock emitiendo algunas preguntas inconexas.

           ─¿Y tu vida amorosa, dónde la dejaste aparcada?

           ─Siempre he ejercido mi trabajo con dedicación absoluta, sin tiempo para relaciones duraderas. Tengo pocas amistades, tan solo mis compañeros de la unidad: Méndez, Núñez y Rafa. En cuanto a mujeres, nunca se me han dado bien las relaciones personales: tres meses con una, seis meses con otra y algún que otro escarceo de fin de semana, nada digno de comentar.

           ─¿Rafa también es policía?

           ─Sí, llevamos varios años juntos. Nos asignaron vuestro caso. Nuestra misión era protegeros de vuestro tío e intentar desarticular el negocio en el que andaba metido. No debíais saber quiénes éramos. Gracias a nuestra investigación, logramos frustrar varios de los secuestros planeados por Rubén, bueno, por Javier. Sabíamos que sólo él podía llevarnos hasta los cabecillas de la organización y, finalmente, así ha sido. La operación ha terminado con éxito.

           ─¿Alguna vez has disparado a alguien?

           ─Sí, he tenido que hacerlo en dos ocasiones. No me siento orgulloso de ello, pero era necesario… Marina, creo que ya conoces lo más básico de mí. ¿Quieres preguntarme algo más?

           ─Ahora que te he confesado lo que hice, ¿qué crees que debo hacer? ¿Debo declararme culpable de intento de homicidio o algo así?─Seguía conmocionada─. No sé cómo funcionan estas cosas, pero estoy preparada para asumir mi culpa.

           ─No te preocupes de eso ahora Marina. Yo te ayudaré.

           ─Creo que me voy a ir a hotel a descansar. Esperaré allí a Fedra y luego decidiré qué voy a hacer con mi vida.

           ─Te acompaño.

           Marina entró en su habitación y Jorge se fue a la suya. Un rato después llegaron Fedra y Rafa. Encontraron a Marina sola, mirando la calle desde la ventana, triste toda ella, como recién llegada de un funeral. Rafa las dejó solas y se retiró a la otra habitación. Encontró un Jorge hundido y derrotado mirando también por la ventana.

           ─¿Qué te pasa Marina? No haces buena cara ─preguntó Fedra.

           ─Le he contado nuestro secreto. Me siento fatal. Le he dicho que no quiero que me quiera y que debe apartarse de mí.

           ─Pero… si tú le amas Marina. ¿Por qué le has dicho eso?

          ─Soy una delincuente, ¿lo has olvidado?

           ─No, no lo eres, tú fuiste una víctima en todo lo que pasó y así lo reconocería un juez si tuvieses que ir a juicio. No te atormentes más y déjate querer. Jorge está loco por ti, Rafa me lo ha dicho mil veces.

           ─No sé… Perdona Fedra, soy una egoísta, no te he preguntado cómo te ha ido con Rafa.

           Los ojos sonrientes de Fedra tenían un brillo especial aquella tarde. Marina sabía que Fedra le ocultaba una gran noticia, la noticia que siempre supo que algún día llegaría.

           ─Rafa me ha pedido que me case con él y he aceptado.

           ─Enhorabuena hermanita. Me alegro por ti. Sé que serás muy feliz con él.

           Le enseñó el bonito anillo que lucía en su dedo y un rayo de sol se reflejó en sus ojos. Por fin su hermana era feliz.

           Otra escena distinta sucedía en la habitación contigua.

           ─¿Qué ha pasado Jorge? Marina hacía mala cara.

          ─Nada, hemos puesto las cartas sobre la mesa. Me ha contado su pasado y yo le he dicho la verdad sobre nosotros. Le he dicho que la quiero y que quiero pasar el resto de mi vida con ella, pero no me ha correspondido.

           ─Jorge, ella te quiere, me lo ha dicho Fedra. No dejes que se te escape. El «pasado» pasado está. Hay que pensar en el futuro. ¿Cuál es el impedimento?

           ─Intentó matar a su padre y eso la ha dejado bloqueada.

           ─¿Las heridas de la espalda?

           ─Sí, ésas. Cree que debería estar encerrada en la cárcel.

           ─¡No me jodas tío!, ¿Cómo puede pensar eso? Aquel tío estaba totalmente drogado. Ella sólo le hizo cosquillas. ¡Por Dios! Nadie moriría con las heridas que ella le hizo. Sólo necesita ayuda psicológica y un buen hombre que la quiera. Tú puedes ofrecerle ambas cosas.

           ─Sí, pero ella no lo ve así. No sé…─suspiró profundamente─. ¿Y tú? ¿Le has pedido a Fedra que se case contigo?

           ─Sí, por fin. Soy el hombre más feliz del mundo. Nos casaremos en mayo. Estás invitado sí, pero ya hablaremos de eso. Ahora quiero que vayas a la habitación de las chicas, le digas a Fedra que venga aquí conmigo y que soluciones tus problemas con Marina. No aparezcas por aquí hasta mañana ¿vale?

           Le hizo caso a su amigo. Llamó a su puerta y le pidió a Fedra que les dejase solos, indicándole que Rafa le esperaba en la otra habitación. Marina estaba sentada en el borde de la cama, con los ojos enrojecidos.

           Recordó lo que llevaba en el bolsillo. Había acompañado a Rafa a aquella joyería de la calle Enmedio. Sintió una envidia sana al ver cómo su compañero elegía aquel anillo de compromiso, y no pudo evitar comprar uno para Marina. Nunca había pensado en casarse, pero Marina le había hecho cambiar su forma de pensar. Quería formar una familia con ella y pasar el resto de su vida juntos. También pensó que aquella tarde era la idónea para pedirle que se casara con él, pero no tuvo ocasión de hacerle aquella pregunta. Llevaba el anillo en el bolsillo del pantalón, notaba la forma de la caja presionada contra su cuerpo. Cuando Fedra cerró la puerta, Jorge se acercó a Marina y se arrodilló ante ella.

           ─Marina, te quiero y no pienso dejarte marchar.

           ─¿Cómo puedes quererme ahora que sabes quién soy?

           ─Conocía tu vida antes de que tú me la contases, y me enamoré igualmente de ti. Sigo enamorado de ti. Tus problemas tienen solución Marina, no lo tires todo por la borda. Sé que tú también me quieres. No me rechaces, por favor.

           Unas tímidas lágrimas asomaban a los lagrimales de sus ojos, cuando un osado Jorge, intentando jugar su última baza, se acercó a besarla en los labios. Su primer beso. Sentir aquella arrolladora pasión de fuego invadiendo su ser, la hizo despertar de aquella pesadilla y casi en un susurro, dejó escapar de su boca las palabras que él esperaba.

           ─Yo también te quiero Jorge.

           Las palabras más maravillosas del mundo, las que deseaba escuchar. Por fin todo era como debía ser. Puso la mano en su bolsillo y sacó la pequeña caja que contenía el anillo y se lo mostró.

           ─Marina, ¿Quieres casarte conmigo?

           ─Sí.

           Fue ella la que acercó ahora sus labios a los suyos y se dejó llevar.



En otra ciudad de España, a setecientos kilómetros de allí, dos amigos conversaban tomando un café, sentados en un lugar llamado Menfis.

           ─Bien, Leandro, gracias por tu ayuda. Si no hubiese sido por ti, ese gallito no habría cantado.

           ─Gracias a ti Luis, por haberme dado la oportunidad de ayudar a mis hijas. Es lo menos que podía hacer por Elena y por ellas. Si Marina me hubiese contado lo que ese tipo le estaba haciendo, me las hubiese llevado a vivir conmigo, con Isabel y mis dos hijos. ¡Es curioso!, Elena nunca quiso que abandonase mi familia. Si ella me lo hubiese pedido, me habría divorciado de Isabel. Cuando murió Elena, intenté rehacer mi vida y conseguí remontar el bache por el que estaba pasando mi matrimonio. Volví a ser feliz y quise creer que ellas también lo eran. ¡Cuánto me hubiese gustado decirles que yo era su padre!

           -Aún puedes enmendar eso ¿no crees?

           ─No puedo decirles ahora que yo soy su padre. Es demasiado tarde para hacerlo.

           ─Tus hijos ya están casados y no viven contigo y la pobre Isabel, en paz descanse, murió hace cinco años. ¿Qué te impide decirles la verdad? Por lo que yo sé, siempre te has preocupado por ellas. Fuiste tú quién convenció a Elisa y a Manuel para que contratasen a Marina de aprendiz y lograste que se encariñasen con ella y con su hermana. Fuiste tú quién me pidió el favor de encontrarles un trabajo en la empresa de Paolo&Giovanni y, gracias a ti, allí les ha ido muy bien. Te recuerdo que también fuiste tú el que insistió en que mis mejores hombres las protegiesen.

           ─Sí, tienes razón, quizás algún día les cuente la verdad. Y sí, han estado bien protegidas, no me cabe duda. Creo que tus hombres han hecho mucho más que eso. Pregunté por ellas en el hospital, y me comunicaron que alguien las acompañaba. La enfermera, muy amiga mía, me dijo sus nombres: Jorge y Rafa. ¿Qué te parece?

           ─¿Crees que debo abrirles un expediente disciplinario?

           ─¡No, hombre! Lo que quiero es que consigas que me inviten a la boda.

           ─¡Qué cosas tienes Leandro! ¡Dalo por hecho!

           ─¿Quién ha dicho boda? ¿Se casan Marina y Jorge, o son Fedra y Rafa?

           ─¡Oiga, ¿Quién es usted?!

           ─Me llamo Ramiro, soy el dueño de este local. Conozco a esos chicos de los que están hablando y me alegra saber que van a casarse. A mí también me gustaría ir a sus bodas. Oiga, si quiere, yo les cuento a ellas que usted es su padre.

           ─¿Por qué no se sienta con nosotros a tomar un café?



FIN





6 comentarios:

  1. aaahhh....!!! q lindos!!

    me encantó la historia.
    me dio risa, porque.. se hacia la dificil marina, y termina casandose. jaja
    una historia muy linda (no teniendo en cuenta a su padre, claro)

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  2. q bueno q su padre halla estado ahi siempre, de incógnito.
    pero q halla estado.

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  3. Gracias por tus comentarios Eugenia.

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  4. gracias a vos.

    va a haber alguna otra historia?

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  5. Sí, aunque aún estoy pensando en ella. Primero tengo que preparar el mapa que seguiré y una vez tenga claros los personajes y el desenlace que quiero darle, empezaré a escribir. De momento, supongo que subiré algun microrrelato, o alguno de esos pensamientos extraños que navegan por mi cabeza, o algo que tenga que ver con alguno de mis viajes.
    Un beso.

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  6. Genial, por que sino.. me iba a aburrir sin hacer nada. ;)

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