lunes, 20 de diciembre de 2010

Secreto entre hermanas (Parte I: Marina y Fedra, 2005-2006) (5)

Llegaron a las nueve, puntuales, ambos vestidos sport, nosotras también.

           ─¿Con qué sorpresa nos vais a deleitar? Que conste que yo me curré la cena cuando os invitamos la otra noche a nuestra casa.

           ─Pues bien Jorge, os vamos a deleitar con unas pizzas de la pizzería de la esquina. En cinco minutos estarán aquí. Pero no te preocupes, también tenemos un buen Peñascal y una tarta de nata ─le contesté sonriendo despreocupada.

           ─Me va a parecer la cena más maravillosa del mundo. Es la primera vez que te veo sonriente y eso, para mí, es el mejor manjar que pueda imaginar ─dijo mirándome embelesado.

           Mi hermana y Rafa se dieron cuenta del detalle, lo noté en sus miradas. Aquel comentario de Jorge me había dejado aturdida, pero bajé de la nube en la que estaba flotando y volví a enfundarme con la máscara protectora.

           Al terminar la cena, y tras una buena tertulia, en la que hablamos de mil detalles de nuestra rutina diaria, nos despedimos hasta el día siguiente. Teníamos que madrugar para ir a trabajar.

           Cuando quedaban dos semanas para que Jorge y Rafa terminaran su contrato, en el departamento de personal les comunicaron que sus servicios en la casa habían terminado, debían disfrutar de sus vacaciones y volver a finales de mes para recoger la documentación y el finiquito correspondiente. Se despidieron de nosotras con una amplia sonrisa y con la típica frase: «Seguiremos en contacto». Cuando nos lo contaron, una sombra de tristeza invadió la cara de Fedra, supongo que algo parecido debió pasar con la mía. Ellos habían sido nuestros primeros amigos y la sola idea de perderlos nos pareció un castigo innecesario. Sabíamos que la empresa iba muy bien y que los pases privados de nuestra planta seguirían realizándose, por lo que suponíamos que seguía siendo necesario limpiar con precisión. Algo escapaba de nuestro entendimiento pero el mundo laboral es así de cruel a veces.

           Los días siguientes no hubo noticias de ellos. Mi hermana parecía un alma en pena paseando el carro de limpieza por pasillos y despachos. Yo, que siempre había sido su pañuelo de lágrimas, no conseguía consolarla. Como me temía, Rafa había roto el corazón de mi hermana, quién sabe si Jorge había agrietado el mío.

           Finalizaba el mes, cuando un preocupado señor Paolo, carraspeando, asomó la cabeza por la puerta del servicio de señoras que estábamos limpiando.

           ─Disculpen mi atrevimiento, al ver el carro en la puerta he supuesto que estaban aquí limpiando. La necesito de nuevo señorita Fedra. ¿Puede ayudarme?

           ─¿Qué sucede señor Paolo? ─le preguntó.

           ─Como imagino que sabrán, hoy tenemos pase en la primera planta y Marusha (una de sus primeras modelos) ha decidido hacerme una jugarreta en el último momento, se ha ido a la competencia. La necesito señorita, necesito que usted ocupe su lugar. A tres horas del pase, comprenderá que no puedo hacer nada. Al final del desfile, las diez modelos deben salir con el último vestido que han llevado. Sería demasiado pesado para las otras chicas tener que desfilar con los tres vestidos de Marusha y, todo el mundo notaría que falta una modelo. Sé que no tiene formación pero sé que es capaz de hacerlo. Si lo consigue, no le quepa duda, este será su salto a la fama. Por supuesto, su hermana podrá ser su ayudante. ¿Qué me dice?

           Los ojos de mi hermana se iluminaron como estrellas, me miró con miedo, como pidiendo permiso, solo acerté a asentir moviendo la cabeza.

           Un estirado señor Giovanni hizo también su aparición en el servicio de señoras.

           ─Buenos días señoritas, lamento el retraso. Supongo que Paolo ya les habrá puesto en antecedentes. Señorita Fedra, si es tan buena como dice mi hermano, le aseguro que ésta es su oportunidad. ¿Lo ha decidido?

           Ni siquiera sabía que eran hermanos, siempre había creído que eran unos socios bien avenidos. El señor Paolo, moreno y de ojos oscuros; el señor Giovanni, rubio y de ojos azules: curiosidades de la genética.

           Mi hermana, aún temblando ante la oferta del señor Paolo, se quedó petrificada ante la presencia del señor Giovanni. Él parecía un gigante de acero, imponía respeto por donde pasaba. Su rostro impasible en el trabajo, se convertía en el encanto personificado cuando estaba en la pasarela. Tenerlo allí haciéndole esa pregunta, la dejó desconcertada. Tenía que decidirse ya, esa era su oportunidad y no podía desperdiciarla porque los nervios le jugaran una mala pasada. Me acerqué por detrás y le di un pellizco. Finalmente dijo algo.

           ─Si ambos creen que merezco esta oportunidad, no voy a dejarla pasar. Estoy dispuesta a hacerlo siempre que, como ha dicho el señor Paolo, tenga a mi hermana como ayudante ─su voz era firme, no delataba su temor a perderlo todo poniendo esa condición.

           ─Bien señorita, me alegro. Ya nos imaginábamos que, en el lote, tenían que ir las dos. Pasen por el departamento de personal a firmar el contrato, acabo de venir de allí y ya he dado las instrucciones precisas, sabía que Paolo no se equivocaba con usted. De momento están a prueba. Si todo va bien, este contrato mensual será prorrogado por más tiempo. Si al final todos nos hubiésemos equivocado, no se preocupen, su lugar en el equipo de limpieza seguiría reservado para ustedes. Imaginen que les hemos concedido una excedencia de un mes en su trabajo de limpiadoras ─dijo el señor Giovanni, mostrando la mejor de sus sonrisas estudiadas.

           Ambos se acercaron y nos estrecharon las manos a las dos. Debíamos ir rápidamente a personal, luego presentarnos en la primera planta y seguir las instrucciones de la señora Dana, ella nos diría cómo funcionaba aquel mundo desconocido. Cuando nos íbamos, escuchamos al señor Paolo hablando por el móvil.

           ─¿Pérez? Llame a Jorge y a Rafa, los que limpiaban aquí, y dígales que vengan inmediatamente, sus vacaciones han sido suspendidas. Su contrato está prorrogado por un mes más. Dese prisa, dígales que hoy continúen a partir del servicio de señoras, es ahí donde se han quedado Fedra y Marina. Si es preciso, que terminen más tarde. Todo debe estar a punto a las doce, no lo olvide. Si hay problemas, me da un toque.
           Aquella noticia, oída al vuelo, fue la inyección de adrenalina que Fedra necesitaba. Caminaba más segura que nunca, sus miedos habían quedado atrás.

           La señora Dana miró a mi hermana desde todos los ángulos, se fijó en su cara detenidamente, quitó la pinza del pelo de mi hermana, echó sus hombros hacia atrás y le levantó la barbilla.

           ─No me llaméis señora Dana, eso me envejece. Soy sólo Dana ¿De acuerdo?, Bien Fedra, si el señor Paolo dice que vales, es que vales. Tienes un cuerpo fantástico y una cara preciosa. ¡Hoy vamos a hacerte brillar en el firmamento! ¿Verdad Marina?

           Solo le devolví una sonrisa. No supe qué decir, pero estaba dispuesta a hacer lo que hiciese falta para que mi hermana fuese el centro del universo.

           Dana había recibido órdenes de los jefes y eso lo notamos enseguida. Nos presentó al equipo, incluidas las nueve modelos que iban a compartir pasarela con mi hermana. Aquella sala-vestidor estaba llena de gente: las chicas, los peluqueros, las maquilladoras, las ayudantes, el personal de confección y quizás alguien más.

           ─¡Un momento de silencio, por favor! ─dijo Dana pegando un grito en lo alto de una tarima elevada─. Esta es Fedra, una joven modelo recién llegada a nuestra casa. Espero que le ofrezcáis una calurosa bienvenida.

           Un estruendoso aplauso sonó inmediatamente. Todas las miradas se posaron en mi hermana. Habíamos tenido que cambiarnos de ropa, el señor Paolo se había encargado de todo. Nadie necesitaba saber que hacía solo media hora estábamos limpiando retretes. Dana, que era la única que conocía nuestra situación en esa sala, prosiguió con las presentaciones.

           ─¡Silencio, aun no he terminado! Fedra va a sustituir a Marusha en el desfile de hoy, os ruego seáis benevolentes con ella, no ha podido estar en los ensayos. ¡Ayudadla! También quiero presentaros a Marina, ella es su hermana, y es, a la vez, su ayudante y su representante.

           Algunas personas me lanzaron un saludo afectuoso y me dieron la bienvenida. ¡La suerte estaba echada!

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