martes, 21 de diciembre de 2010

Secreto entre hermanas (Parte I: Marina y Fedra, 2005-2006) (6)

Tras pasar por las expertas manos de un peluquero y una maquilladora, ayudé a Fedra a ponerse el primer vestido. Estaba radiante y tranquila, yo, en cambio, tenía un nudo en el estómago. Dana nos dijo que ella sería la última en salir en cada uno de los tres pases. Gran parte de la puesta en escena la realizaban las primeras modelos. Visto el juego sucio de Marusha, las otras modelos habían acordado reubicarse en la pasarela, de modo que Fedra solo tenía que aprender tres o cuatro cosas. Todas le infundieron ánimo y ella les mostró su agradecimiento. No sabían que aquel iba a ser su primer pase profesional. Algunas de ellas habían tardado tres años o más en llegar a la posición que ocupaban.

           Detrás de la pasarela, en la gran sala-vestidor donde me encontraba, había una pantalla que mostraba lo que estaban viendo los asistentes al desfile de moda de Paolo&Giovanni. Estaba llena de fotógrafos y periodistas de diversas revistas de moda, incluso un par de cámaras de televisión. La emoción me embargaba a cada paso que mi hermana daba en la pasarela. El primer pase fue bien, el segundo estuvo impecable y el tercero fue sublime. Al finalizar el acto, unos satisfechos Paolo y Giovanni salieron a saludar. El primero ofreció su brazo a Nadia (una de las modelos estrella de la casa), el segundo ofreció su brazo a mi hermana. Me dio un vuelco el corazón cuando vi cientos de flashes reflejados en su sonriente cara. A partir de aquel día, nada sería igual, Fedra aparecería en todas las revistas de moda conocida y, seguramente, en algún canal televisivo.

           Había un picoteo en recepción y, por supuesto, fuimos invitadas. Hablamos con diferentes personas que nos iban presentando, de algunas ya no recuerdo ni el nombre. Finalmente volvimos a ponernos los vaqueros y salimos de allí. Dana me había entregado una agenda con el guión a seguir a partir del día siguiente. Cada vez que lo miraba, la cabeza me daba vueltas. Necesitábamos llegar a casa y tirarnos en el sofá a descansar, sin nadie que nos molestase. Al día siguiente, ya veríamos.

           Fedra no paró de hablar durante nuestro paseo hacia casa, tenía demasiadas sensaciones que contarme. Cuando llegamos, el cansancio se apoderó de nosotras. Había sido un día demasiado intenso, nos sentamos en el sofá y encendimos el televisor. Nos preguntábamos qué habría sido de Jorge y Rafa. ¿Habrían ocupado nuestras plazas vacantes? ¿Sabrían algo de nosotras? Ninguna de las dos teníamos la respuesta. Pero no tardamos en descubrirlo.

           Sonó el interfono, alguien llamaba a nuestra casa. Me levanté sin ganas y me dirigí al telefonillo.

           ─¿Quién es?

           ─Somos nosotros, Marina ─contestó Jorge.

           Accioné el interruptor y les dejé subir. No le dije nada a mi hermana. Cuando llegaron, fue Jorge quien empezó a hablar.

           ─Estábamos preocupados por vosotras. En Personal nos han dicho que habíais dejado las plazas vacantes y que, si nos interesaba, nos prorrogaban el contrato un mes. No sabíamos qué decir. Te llamé varias veces esperando una explicación pero siempre me salía el buzón de voz. Debes tener unos doce mensajes míos. Al final hemos aceptado la prórroga, un mes más de sueldo siempre viene bien. No sé si hemos hecho bien aceptando, lo último que quiero es robaros algo que por derecho os pertenece.

          ─No te preocupes Jorge, hemos abandonado esas plazas voluntariamente ─le dije con voz tranquilizadora.

           Rafa, que no podía aguantarse más, me preguntó si Fedra estaba en casa. Los invité a pasar a nuestra salita.

           ─Fedra, mira quién ha venido a visitarnos.

           ─Hola chicos, ¿Cómo estáis?

           Antes de que ellos articularan una palabra, le contesté yo.

           ─Estaban preocupados por si nos pasaba algo. Han aceptado la prórroga.

           Rafa vio la cara de alegría de Fedra y no pudo resistirse.

           ─¿Sabíais que nos iban a ofrecer vuestro puesto?

           ─Sí.

           ─Chicas, me parece que nos tenéis que explicar muchas cosas

           Los dos se sentaron y mi hermana empezó a explicarles, a grandes rasgos, todo lo que había ocurrido. Yo me dirigí a la cocina a preparar café. Cuando volví con la bandeja, los tres reían felices.

           ─Mañana mismo pienso comprar todas las revistas de moda que haya en el quiosco ─dijo Rafa.

           ─¿Me dejarás verlas, no? ─añadió Jorge.

           ─Vista una, vistas todas ─les comentó Fedra.

           ─Es cierto, no hace falta que te gastes tanto dinero Rafa, son muy caras. Dales una ojeada por encima y compras aquella en la que la veas más guapa ─le apunté.

           Mientras manteníamos aquella conversación animada aparecieron imágenes del desfile de moda de Paolo&Giovanni en la pantalla del televisor, en ninguna aparecía mi hermana. Nos quedamos callados instantáneamente y, al fin apareció, preciosa toda ella, cogida del brazo del señor Giovanni, en el apoteósico final del desfile. El locutor hizo hincapié en un comentario realizado por ambos diseñadores a diversos medios de comunicación: «Su nueva modelo, Fedra, pronto llegaría a ser reconocida internacionalmente». Aquello nos dejó sin habla. Tras el impacto, quise despertar a mi hermana de aquel sueño.

           ─Baja de esa nube cariño, no olvides que siempre hay que poner los pies en el suelo y esta historia aún está muy verde. Esperemos a ver lo que nos depara el mes.

           ─No sé Marina, creo que los nervios me están entrando ahora. ¿Estaré a la altura de lo que ellos esperan de mí?

           ─¡Claro que lo estarás princesa, no hay más que verte en la pasarela! ─le animó Rafa.

           ─Ya verás, no habrá quien te pare, con tesón y confianza llegarás muy lejos ─confirmó Jorge.

           Nos comentaron que durante esos días no se habían puesto en contacto con nosotras porque habían estado atareados presentando su currículum en diversas empresas. Aquella ciudad les gustaba mucho y no estaban dispuestos a dejarnos solas allí. Nos dejaron satisfechas con su explicación. Al menos, teníamos dos amigos que se preocupaban por nosotras.

           Cuando se despidieron, Fedra comentó que aquel era el día perfecto para escribir una carta a Elisa y Manuel y contarles cómo nos iba en la vida y en el trabajo. Les alegraría mucho saber que nos relacionábamos con dos chicos. Aun no les habíamos dicho que conocíamos a Jorge y a Rafa. Estábamos en deuda con ellos y nuestra gratitud no podía medirse con una escueta carta vacía de contenido, les contaríamos lo que sentíamos de verdad, nuestros miedos y nuestras alegrías. Para nosotras, habían sido como unos padres.

           Una apretada agenda empezó a partir del día siguiente: gimnasio, salón de belleza, pruebas y más pruebas, desfiles y más desfiles, viajes y más viajes. Con el tiempo, llegué a sentirme como pez en el agua.

           Jorge y Rafa eran asiduos en nuestra casa. Nos acompañaban a los actos a los que podíamos llevar pareja. Su buena presencia no desentonaba en el ambiente glamuroso de aquellas celebraciones y nos ayudaba a tener los pies en el suelo. Solo los jefes sabían que proveníamos del bajo escalafón de la limpieza de la casa, lo cual no parecía importarles en absoluto.

           Yo no podía olvidar mi pasado, quién era, ni lo que había hecho. Fedra, en cambio, era feliz, consiguió dejar de llorar por los rincones.

           Había pasado un año desde que iniciamos aquella aventura y la relación entre Rafa y Fedra se convirtió en una relación bastante formal, cosa extraña en el mundo de la moda. Rafa estaba realmente enamorado de mi hermana y Fedra bebía los vientos por él. Creo que si él le hubiera pedido, en algún momento, que lo dejara todo, ella lo habría hecho.

           Jorge permanecía a la espera, paciente, disfrutando únicamente de mi compañía. Reconozco que me sentía bien con él.



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