Saboreando la lectura

 Recuerdo que mi madre cerró el quiosco cuando yo tenía aún cinco añitos. De aquel ruinoso negocio, quedaron varias cajas con libros de bolsillo que por aquel entonces causaban furor. Libros que fui leyendo, poco a poco, con el tiempo. A los quince años, ya me había leído un centenar de historias de Marcial Lafuente Estefanía y más de doscientas novelas rosa de Corín Tellado. A falta de pan buenas son tortas. La librería de nuestra casa estaba bien provista de enciclopedias, guías de salud, libros de recetas de cocina, de mecánica, de labores del hogar y un largo etcétera que no despertaban mi interés en absoluto. Pero claro, tan saturada quedé de enamoramientos y batallas en el oeste americano, que decidí que mi pasión por la lectura debía tomar otros derroteros.

El cambio fue radical y terminé rendida a los pies de Mortadelo y Filemón.  Me encantaba su peculiar humor. Aún los recuerdo con mucho cariño y, prueba de ello, son los libros recopilatorios que conservo en mi librería. Os dejo este enlace, por si queréis pintaros una sonrisa.

http://www.mortadeloyfilemon.com/personajes/index.asp

De ahí a los cuentos ilustrados sólo hubo un paso. Disfrutaba leyendo las historias de Julio Verne, Emilio Salgari y los hermanos Grimm. Aquellas pequeñas viñetas que acompañaban la historia, dieron un sentido diferente a mi vida. Por aquel entonces, para mí, la Literatura no era más que una asignatura que había que aprobar. Afortunadamente, esa idea equivocada la he cambiado con el tiempo y he aprendido a disfrutar con los grandes de la literatura clásica.

Si alguien me preguntara qué prefiero leer. No sabría bien qué responder. «Todo», sería una contestación demasiado amplia.

¿Novela romántica? ¿Poesía? Sí, pero en pequeñas dosis. Prefiero la trama fantástica, el misterio, el suspense o el tétrico lado oscuro de la novela negra. Aunque nunca descarto otro tipo de lecturas.

La ciudad huele a fiesta

La ciudad huele a fiesta y el eco de un repique de campanas renace en tu corazón. Admirado, contemplas el solemne paso del Pregón, y sientes una historia cercana que te embarga de emoción.

La madrugada de la romería te viste de color.  Es la caña quien te guía, luciendo la cinta y el rollo. Ansías subir la escalera para poder tocar la campana, luego acampar entre risas y comer  longanizas secas.
Las  gaiatas se disponen, presumiendo de luz y color y te alcanza el calor humano oculto en cada destello. Sientes que formas parte de la Colla del Sector.
Luces de pólvora iluminan cada día y sones del mundo invaden las calles de la ciudad.
Este año no pudiste venir, pero el próximo no fallarás. Te espero, no te arrepentirás.

Madre

«Kate, no me gusta verte tan triste. Tienes amigos que te quieren, así que no me vengas con milongas. O te levantas voluntariamente de esa cama o te levanto yo a la fuerza. ¿Qué? ¿Qué no me crees capaz? Ya lo creo que sí.
           Si ayer me hubiesen dicho que una crítica sobre tu cuento iba a afectarte tanto, me hubiese reído en su cara. ¿Por qué? Porque tú siempre pones tu  corazón en todo lo que escribes y eres capaz de pintar con palabras cualquier espacio imaginable. Eres inmune a ciertos comentarios.

           ¿Recuerdas aquella vez que te lamentabas porque todo cuanto veías desde la ventana de tu habitación no era más que una acera rota, dos árboles viejos sin hojas y unos edificios grises? Insistías en convencerme de que aquel escaparate no motivaba en absoluto tus neuronas y necesitabas huír para encontrar la inspiración que guiara tus palabras. No me mires así, por tu sonrisa, supongo que lo has recordado ¿No?

           Ya entonces, te dije que podías escribir cosas maravillosas porque tu mente era prodigiosa. Y al instante, me vi escuchando una de tus historias. La acera rota, se convirtió en la vía real del Paraíso de las Hadas; los árboles viejos sin hojas, eran los guardianes de la princesa Zoe; y aquellos edificios grises, se transformaron en un palacio plateado que brillaba bajo el reflejo de la Luna.

           Si tu relato no le gustó a Sami fue porque no siempre sabe apreciar la belleza de lo que escribes.  No podemos esperar que todos piensen lo mismo que nosotros. Si fuese así, seguramente, el mundo sería muy aburrido.

            ¡Bien, ya veo que te levantas!

           Vistete rápido, anda, que Sami vendrá a buscarte. Y alegra esa cara, mujer, que hoy te van a dar tu primer diploma. Precisamente por ese cuento que Sami calificó de «bodrio».

           ¿Cómo que no te lo mereces? Digo yo, que los miembros del jurado del concurso escolar lo habrán elegido porque es bueno ¿No? Sí, ya sé que fastidia que tu mejor amigo critique tu trabajo, pero no pasa nada. Simplemente a él no le han gustado tus duendecillos.

           Ponte el vestido blanco y la chaquetita de punto salmón, que hoy tienes que estar muy guapa. Sami llevará traje de chaqueta y estará encantado de ser tu acompañante en este acto. ¿Qué más quieres?

           Ahora, sí estás radiante y preciosa, cariño. Ha sonado el timbre. Anda, baja, que Sami estará esperando."


La hija cogió la foto de su madre, la miró sonriente y le dio un beso antes de bajar. En la mesilla, quedó esperando el regreso de su hija.

Ahí estaba ella

Reformar la cocina no había sido ningún camino de rosas, pero se propuso terminar la obra antes de llegar la primavera y lo había conseguido. La inauguración de «La Mesa de Raquel» sería el veintidós de marzo.

           Cocina tradicional y trato familiar eran su reto. Ella había sido cocinera en restaurantes de alta categoría  y al convertirse en propietaria del antiguo palacete de sus antepasados, decidió montar su propio negocio. El idílico lugar atraería a la gente y su arte culinario cautivaría a los paladares más exigentes.

          Tuvo que tirar un muro de mampostería para  incluir una zona desaprovechada del jardín trasero y construir una nueva despensa de gran capacidad donde almacenar los alimentos no perecederos. Dentro, instaló varias filas de armarios, unos  provistos de baldas móviles y otros con baldas giratorias. Con ello, pretendía eliminar ese punto muerto donde caducan ciertos alimentos por culpa de la fatalidad.

          El mobiliario de la cocina era de una firma española instalada en Guipuzcoa, y los electrodomésticos, únicos en su gama, la última creación hallada en una exposición de Príncipe de Vergara, en Madrid. El derroche de tecnología y diseño, daban ese toque pluscuamperfecto que Raquel buscaba para su cocina.

           Colocó cada utensilio en el  lugar que le correspondía y revisó personalmente la perfecta disposición de cada balda de trabajo, cada cesto, cada bandeja, cada cajón y cada gaveta de su flamante cocina. Todo se encontraba debidamente colocado.

           Del comedor y su decoración se había encargado su marido, y del jardín exterior del palacete, una empresa de jardinería. Dos días antes de la inauguración había finalizado los preparativos. Para celebrarlo, quiso hacer el estreno preparando una cena íntima para los dos.

           Habían habilitado un comedor privado, con un mirador acristalado que permitía ver las estrellas en una noche cálida como aquella. Puso su mantelería de hilo sobre la mesa y situó milimétricamente su cubertería de plata. Las piezas únicas de su vajilla de porcelana pintada a mano y el pequeño buquet de rosas blancas en el centro de la mesa, eran adorno suficiente.  Una cubitera de plata con hielo mostraba el lánguido cuello de la botella de cava que contenía. Las copas de cristalería de Bohemia remataban el conjunto.

           Entrantes de paladar fino y una exquisita ternera con salsa de setas deleitarían a su marido. Su mouse de mascarpone pondría la guinda final.

           Sólo necesitaba veinte minutos para vestirse de gala. Su marido había tenido que asistir a un comité y tardaría poco en llegar. Le esperaría en el salón y juntos entrarían en el comedor privado. Cenarían y tendrían una conversación agradable. La noche les traería lo demás.

           Sentada en el sillón central de la sala de recepciones, semejaba una reina en su altar esperando a su fiel amante. Llegó al fin y la encontró radiante. Ahí estaba ella, dulce e insinuante. Tras un apasionado beso,  cogió a su esposa en sus brazos y la llevó a la habitación. La celebración duró toda la noche.

           El desayuno con ternera lo recibieron con agrado.

Dadme una prórroga

Criada entre nubes de algodón, fui única en mi especie y alcancé una madurez dorada que nadie podía esperar.

Apartada de mis semejantes, trabajé más duro y más tiempo, creyendo que la fortuna nunca me iba a dejar.  Pero colmó la avaricia el vaso y  no pude descansar, ya no hubo más masajes ni música celestial.

Fue por ello que hice huelga y me vinieron a buscar. Era un hacha la que hablaba y me supo asustar.  Dadme una prórroga, os lo ruego, no me vengáis a matar. Que otro huevo de oro fino está a punto de saltar.

Bendita Comunidad

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La  cadencia de sus pasos era diferente, al fin le estaba haciendo efecto aquel régimen milagroso que había comenzado meses atrás. Más que un oso parecía una gacela.

          La pintura resquebrajada del techo había dejado de caer sobre mi plato de sopa y el ensordecedor ruido de su vieja mecedora por fin había enmudecido.  Todos los días, el agónico grito de la madera de ese pobre balancín atravesaba las bovedillas y como si fuese una barrena de alta velocidad, anidaba en lo más profundo de mi cabeza, escupiendo  materia gris por  todas las paredes.  ¡Hartito me tenía ya el dichoso ruido!

           El día que me enteré que la del cuarto estaba adelgazando, lo celebré tomándome un rebujito en la ventana de mi cocina. El aire me pareció más  fresco y el sol se me antojó de un amarillo más intenso.

            Es lo que tiene vivir en un piso de dimensiones exiguas y medianeras de pladur,  que se oye hasta el vuelo de las moscas y los tacones de tus vecinos parecen apisonadoras.

           Mi hogar volvió a ser un remanso de paz y pude realizar mi trabajo de teleoperador con total dedicación y cortesía.

           Tras meses de sosegada calma, unos nudillos golpearon la puerta de mi casa. La vida de un solitario como yo, pocas veces se ve interrumpida, pero esa me sorprendió con creces. Una nota bajo la puerta, me anunciaba que había sido elegido nuevo Presidente de la Comunidad. A las catorce horas había Junta y tenía la obligación de asistir. Finalmente, tendría que verles las caras.

¿Por qué tanta urgencia?

La niebla cayó pesada, atrapando en el desconcierto a quienes aún se hallaban en dirección a alguna parte.

          Samuel  fue sorprendido de vuelta a casa y decidió apagar el motor de su coche.  Los mortecinos puntos de luz  le recordaban que no estaba solo. Una intensa ola de frío recorrió su cuerpo obligándole a salir en busca de  refugio. Sus pasos le adentraron en aquella espesura y se topó con una puerta.  La aporreó varias veces, gritando que necesitaba entrar. La niebla se disipó justo cuando se abrió la puerta.  Una  antipática cara le preguntó: ¿Por qué tanta urgencia? ¿No ve que los otros están vacíos?

          Las puertas contiguas estaban abiertas. Una señal indicaba que eran los Servicios de Caballeros.

Aquel día

El pelotón de fusilamiento avanzó hasta la línea de fuego situada frente al paredón y esperó la orden de esa voz afilada que firmaría mi sentencia de muerte. Los ojos que me miraban delataban el miedo desbocado, traicionando la injusticia de un poder incontrolado. Triste escena sin alma, con protagonistas de cartón-piedra debutantes en el guiñol de la tragedia. Una obra de guiñol cuyo personaje principal era el que yo representaba. ¡Qué ironía!

Un instante  bastó para sopesar el sinsentido de mi vida y concluir que sólo fui un ser inexistente. El mundo seguiría sin mí, sin pensar que hubo un día en el que yo estuve aquí. Además, cuando la parca viene a buscarte, se regodea mostrándote instantáneas de tu vida. Yo las vi durante una fracción de segundo. Aquel vertido incontrolado de imágenes acuchilló todo mi cuerpo y vació de esperanza los rincones de mi mente.

Fui séptimo hijo de una familia pobre, y no fue bendición, sino carga, lo que supuse para mis padres. Pastoreo de ovejas, fue el legado recibido de ellos. Dos manos fuertes y un corazón valiente, fueron los causantes de mi desdicha. Un amor platónico me condujo a una batalla sin causa en defensa de su honor. ¡Quién iba a decirme a mí que aquella joven era la hija del coronel! ¡Si al menos ella hubiese reparado en mi presencia!

Suspiré sin fuerzas y encomendé mi pobre alma al Señor. Cerré los ojos creyendo que aquello ayudaría a mis jóvenes verdugos. Uno de los que me apuntaban fue el causante de la disputa. Ya no había bravura en su mirada y, si no fuese por el sol plomizo que caía aquella tarde, hubiese jurado que vi caer una lágrima de uno de sus ojos.

Una palabra: ¡Apunten! El Silencio.

El desconcierto se respiraba en el aire. Temía abrir los ojos y descubrir que estaba muerto. No sentía dolor ni sufrimiento. Escuché murmullo de palabras y pasos que se alejaban. Alguien se acercó hacia mí para decirme que podía irme a casa, que los fusilamientos habían sido prohibidos y yo me había librado por los pelos.

 En aquel instante vi que mi cuerpo andaba solo, mientras yo aún seguía pegado al paredón de fusilamiento. Siempre fui corto de entendederas, pero gracias a aquel día aprendí que toda existencia siempre es importante, incluso la mía, aunque entonces aún no lo sabía.

Acompañé a mi cuerpo hasta la salida de esa plaza porticada, acomodándome de nuevo en los recodos de mi piel.

Apoyada en el quicio de una ventana, sorprendí llorando a la mujer por la que tanto había suspirado mi corazón y despedí mis suspiros con ella. Al verme, se lanzó a mis brazos, compartiendo conmigo el sabor salado de sus lágrimas. Mil veces pidió perdón por las acusaciones de su padre, mil veces le respondí que ella no tuvo la culpa.

Me confesó que su enamorado era otro soldado y que, el soldado que peleó conmigo pretendía, mediante falsas injurias, destrozar aquella relación. Al intervenir, yo me llevé la peor parte. Su padre, me vio cara de rojo y quiso salvaguardar la honra de su hija. En resumen, decidió  matar al perro y así, aniquilar la rabia.

Despojado de mis vendajes, sentí mi corazón libre nuevamente y una sensación de paz infinita dio un sentido nuevo a mi vida.

Regresé a esa casa oscura que no esperaba mi presencia y  me encontré una mujer menuda llorando sobre la mesa. El pelo moreno por capa y sus manos por escudo, impedían que descubriese quién era esa persona. Quise permanecer callado, contemplando aquella escena, pero estar vivo me hacía respirar. ¡Nunca pensé que el silencio hiciese tanto ruido! Levantó su cabeza y me encontré a la pequeña Adela, la hija de don Ernesto, el vecino de mi abuela. Aquellos ojos almendrados iluminaron toda la estancia y sus inmaculados dientes me dieron la bienvenida. Aquel fue el primer día del resto de mi vida.

 ¿Por qué os cuento  esto? Porque estoy escuchando la canción de Marisol y mis nietos, que saben que me gusta, le han dado más volumen. Sí, sigo pensando que «La vida es una tómbola».

      

          

Finalista en Radio Castellón: Semana del 13 al 17 de febrero

Acabo de saber que esta semana he sido finalista en el concurso semanal de microrrelatos de la Cadena Ser. Con la frase: Si miento, ¡Que ahora mismo me parta un rayo!

Si os apetece, podéis leerlo accediendo a  www.radiocastellon.com, en la sección Participa, en el apartado microrrelatos ganadores. 

Si preferís escuchar el programa, está disponible en la sección Audio. Ha sido emitido hoy, día 17, en Hoy por hoy Castellón, unos veinte minutos antes de emitir Hora 14 Castellón.

Gracias por estar ahí y seguir leyéndome.

Sentimientos de soledad

Sin ti,

El mundo se me hace pequeño
y me sienta grande la vida.

                      Sin ti,
                           Mi esencia no tiene sentido
                           y mi buque parte sin guía.

Sin ti,
Mis largas noches son eternas
y mis venas están vacías.

                                     Sin ti,
                            Todas las canciones son frías.

Sin ti,
Vivir es quedarme sin vida.



(1987)

Carta de amor

                                                                                                    14 de febrero

Cariño,

Te escribo estas letras, esperando que puedas leerlas, porque algunas palabras no brotan en mí todos los días y tú das por hecho que no son necesarias. Pero no es así.

           Sabes que te quiero y sé que tú me amas, pero no voy a enmudecer mis sentimientos, me resisto a pasar un año más sin sentirme afortunada.

           Sí, ya sé que no somos de celebraciones: anti-aniversarios, anti-san Valentín. ¡Anti-tantas cosas!…

         ¿Recuerdas cuando nos conocimos?  Raro era el día que no celebrábamos algo. Sí, atrás quedaron aquellos días, en los que estar juntos  ya era una  gran fiesta.

           ¿Nostalgia? Quizás.  

           Veinticinco años han pasado desde que te conocí y ni siquiera lo recordaste. Sí, el diecinueve de enero ¿Ahora caes?

           Eras la persona más cariñosa que había conocido. Y yo, una romántica empedernida. ¿Qué nos pasó?

           Sé que en algún rincón de nuestro corazón siguen escondidos aquellos jóvenes enamorados que lucharon por estar juntos toda la vida.

          Sólo quiero decirte, Te quiero. Gracias a ti, me siento afortunada.

             Esta noche, dejaré esta carta en tu mesilla, fingiré que sólo es otro 14 de febrero que no tenemos nada que celebrar, pero sé  que cuando la leas, ese joven enamorado me vendrá a buscar.



           Feliz San Valentín.




AL FILO DEL TABURETE

El rechinar de dientes lo delataba. Pretendía ignorar la pesada soga adherida a su cuello y salir airoso de aquella pesadilla que lo torturaba, pero la realidad se empecinaba en recordarle que era él, y no otro, quién se hallaba en tal camisa de once varas. Pocas horas antes, se ofreció para acompañar a Luis a cobrar una deuda de juego. Pensó que su corpulencia intimidaría al individuo que iban a visitar y zanjarían sin problemas la situación. Aún retronaba en su cabeza la gran risotada de aquel hombrecillo cuando fue instado al mencionado pago. Su numerosa familia acudió a la llamada y rápidamente les dejó inmovilizados. ¿Quién le mandaría ser tan fanfarrón? Sí, la cuerda estaba apretada, su vida en manos de otro, el miedo calándose hasta los huesos. Una orden marcó el fatídico desenlace que iban a presenciar en primera persona. Se sentía pequeño, indefenso e inmóvil. La suerte estaba echada. El destino se burlaba de él. Al taburete que tenían bajo los pies, de madera maciza, le quitaron dos de las cuatro patas. Ahora era un equilibrista. Su vida dependía de ello. Si fallaba, moriría ahorcado.

Le he hecho caso

En un bar de Castellón,  Juan le cuenta a alguien qué le ha ocurrido esa misma mañana.

─Estaba en el andén de la estación y un tío  se ha acercado y me ha saludado. ¡Claro! En ese momento, ante la duda, le he seguido el rollo. Pero al pedirme que fuéramos a tomar unas cañas,  le he dicho que estaba en el paro y no tenía un puto duro. Ahí, se han acabado las tonterías. Por lo visto, ese circo le funciona a veces y consigue que le inviten a una caña y un pincho de tortilla. El hambre siempre le espabila a uno, ya se sabe. Me ha aconsejado que yo hiciera lo mismo. Así que yo, le he hecho caso.

─¡Ya! ─contesta secamente su airado interlocutor.

Juan, desde la mesa, observa  cómo  paga al camarero y se va con viento fresco.

Imagino

           ─Imagino el mal trago que debió pasar Rosa cuando la conserje de la Casa Mayor le espetó con sorna que, o esa amiga que la visitaba todos los días se afeitaba el frondoso bigote que lucía en la cara, o tendría  que realizar una llamada a sus padres indicando tal circunstancia, ya que las normas de decoro y honra de la Casa prohibían terminantemente las visitas masculinas en las habitaciones de las féminas que allí moraban.
           ─¡Vaya trago! Pues yo prefiero no imaginar la cara que pondría Matilde cuando Rosa le pidió que se afeitase el bigote.

Cachitos de Amor

 El Amor, ese extraño escondido en algún rincón del alma.

           Nos persigue incesante hasta atraparnos en sus amplias redes. Nos atonta, nos alegra, nos hiere, nos inflama, nos amarga, nos aturde, nos adula, nos incita y nos atrapa. ¡Ay, amor, amor! Sin ti ¿Qué sería de este mundo?

           Un motor que nos guía, una razón poderosa para seguir con vida. Así nos lo muestra Francesc Barberá en su relato ganador «El Ahorcado». La fuerza concentrada en cada letra y cada silencio lo convierten en una Oda al Amor en tiempos de desamor. Enhorabuena Francesc.

          Cachito a cachito, en este libro encontramos, trescientas historias escritas con el corazón que embelesan al lector, inyectándole irremediablemente el frenesí del amor.

           Ha sido vestido con portada de lujo por Santi Vidal Vallejo, e ilustrado con obras de arte de la mejor categoría. Arte creado por los GRANDES niños artistas de la Fundación Borja Sánchez. Para todos ellos, nuestra mayor ovación.

           Me alegra pensar que un cachito de mi corazón está unido al de otros tantos. Creo en el amor y sé que Siempre será rojo carmesí.

           «Cachitos de Amor» es el fruto del I Concurso de microrrelatos románticos realizado por ACEN (Asociación Cultural de Escritores/as Noveles), un libro cuyos beneficios serán donados a la Fundación Borja Sánchez para su destino al fomento de la lectura entre los niños y niñas con parálisis cerebral.

          Ya a la venta, desde el 1 de febrero, en la librería Argot de Castellón. Por cierto, ya hay un ejemplar en la Biblioteca de Chilches, por si queréis leerlo.

Ganadora en Radio Castellón: Semana del 23 al 27 de enero.

Acabo de saber que soy la ganadora de esta semana en el concurso semanal de microrrelatos de la Cadena Ser. Soy feliz, no lo esperaba. Son muchos los que participan y muy buenos los trabajos que allí presentan.

Si os apetece leerlo, podéis verlo vosotros mismos en www.radiocastellon.com, en la sección Participa, en el apartado microrrelatos ganadores.

Si preferís escuchar el programa, está disponible en la sección Audio. Ha sido emitido hoy, día 27, en Hoy por hoy Castellón, unos veinte minutos antes de  emitir Hora 14 Castellón.

Gracias por estar ahí y seguir leyéndome.

Aquí os dejo el micro que envié:

"Sígueme, le dijo aquella voz sin rostro que le acompañaba. Algo en ella le resultaba familiar y recordó aquellas tardes de párvulo dibujando garabatos a la sombra de una morera. Siempre llegaba a casa lleno de arañazos, desgreñado y sucio hasta las orejas. Su madre estaba harta de él. Las historias le volvían a la mente y sentía renacer aquel niño que albergaba en su interior.

El calor de una luz de grandes dimensiones se desparramaba por su cara, tenía que volver al presente, el interrogatorio volvía a comenzar. Lástima no tener treinta años menos para poder subirse a los árboles y criar gusanos de seda. El presente no auguraba nada bueno, seguro que serían treinta años a la sombra,  pero no de una morera."

Súplica de medianoche

Era noche cerrada y la lluvia caía feroz sobre su piel desnuda. Desconocía cómo había llegado hasta allí y había terminado en esas condiciones.

           Únicamente recordaba que había salido de casa después de la cena, para ir a la farmacia de guardia más cercana y comprar el antitérmico para su hija. También, que suplicó al cielo no tener que pasar otra noche en Urgencias por culpa de la dichosa fiebre de la niña, cualquier cosa, menos eso.  Su mujer, Marga, se había quedado con la criatura. ¿Cuánto tiempo habría pasado desde entonces? ¿Estarían bien? Ni siquiera le habían dejado el reloj. Estaba claro que alguien le había agredido y le había robado el vehículo, la ropa y todas sus pertenencias.

           Sentía un agudo hinchazón en su labio inferior, rastro de magulladuras por todo el cuerpo y el sabor férreo de un fino hilo de sangre que caía desde la nariz y alcanzaba sus papilas gustativas. Tenía frío, estaba mojado y  no sabía dónde se encontraba. ¿Por qué no podía recordar nada? ¿Por qué narices le habían quitado también la ropa? ¡Si sólo era un chándal, Dios!

           Unas luces en la lejanía y el sonido de coches circulando a toda velocidad, le  alertaron de la existencia de una carretera a la que podía intentar llegar. Completamente desnudo no, no podía ir así. Buscó por los alrededores, esperando encontrar algún plástico o algún cartón que pudiera servirle como vestimenta.  ¿Qué posibilidades había de que alguien parase su vehículo para ofrecerle ayuda? Quizás nadie parase y tuviese que caminar hasta la ciudad más próxima, una vez allí se dirigiría a la Policía Local para explicar su circunstancia y presentar la correspondiente denuncia. Con un poco de suerte, Marga acudiría pronto en su ayuda y todo habría finalizado. ¡Allí estaba! Encontró un periódico grasiento, seguramente antiguo envoltorio de algún bocadillo. Las hojas apelmazadas, por la combinación de la grasa y el agua de lluvia, le sirvieron  de faldilla protectora y le devolvieron un poco de dignidad. No era mucho, pero era más que nada.

           Alcanzó la carretera. Muchos coches pasaron de largo sin reparar en su presencia, otros le pitaron enfurecidos esquivándolo  para no atropellarle. Bajo aquella lluvia incesante, ninguno parecía tener la más mínima intención de parar.  Caminando, acudió a su mente la súplica que le hizo a Dios aquella noche, ahora casi hubiese preferido pasarla en Urgencias. Debió llevar a su hija directamente allí, en vez de ir a la búsqueda de un medicamento que seguramente no serviría para bajarle la elevada temperatura que tenía. Realmente, lo único que pensó fue en el fastidio que le supondría pasar varias horas en el hospital y perderse el partido de fútbol. Se sentía profundamente arrepentido por haber deseado aquello. Renovó su súplica, esta vez en favor de su hija, deseando con toda su alma que la fiebre hubiese remitido. Cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, su mujer le miraba sonriente con la niña durmiendo en sus brazos.

           Estaban en Urgencias, la fiebre había cesado y él se había quedado dormido en la sala de espera. El partido hacía un par de horas que había terminado y nadie supo darle el resultado.         

Sonido de tambores

Su temblorosa mano se resistía a introducir la llave en el bombín de la puerta, la noticia recibida la había dejado sin aliento. Aquella oscura mañana había estado en la consulta del doctor Ramírez, un afamado neurólogo que le había recomendado su oftalmólogo. Regresó a su casa caminando lentamente, respirando despacio, intentando digerir cada una de las palabras escuchadas, mientras asistía obligada al más grandioso desfile de tamboradas. La palidez de su cara anunciaba el trágico desenlace que la esperaba.

           Con el tiempo, sus dolores de cabeza se habían incrementado y no le resultaban tan llevaderos. Sus migrañas y sus neuralgias nacieron durante la pubertad y casi había aprendido a vivir con ellas. Dos visitas al neurólogo en plena adolescencia le resultaron suficientes para convencerse de que no debía volver a visitarlos. Sin hacerle ninguna prueba, le recetaron relajantes musculares que la adormecían tanto que no era capaz de articular palabra y la anulaban como persona. Así no podía ser una joven normal. Descubrió la aspirina y el alivio temporal que sus efectos le producían. El ácido acetilsalicílico era un vasodilatador que la ayudaba a sobrellevar aquellas molestias. De la úlcera, tuvo que encargarse siendo ya adulta, pues nadie le había explicado que tomar seis comprimidos cada día resultaba demasiado agresivo para su estómago. 

           Una consulta al oftalmólogo la puso sobre aviso, había detectado algo extraño en el fondo de su pupila y la visita al neurologo resultó ineludible. El día anterior le habían realizado una resonancia magnética y una serie de analíticas ordenadas por el doctor, rutinarias, según dijeron. La enfermera le comentó que seguramente tardaría un mes en conocer los resultados de todo aquello y que no debía preocuparse en absoluto, ya que normalmente las migrañas eran producidas por causas psicosomáticas. Aquella mujer la tranquilizó. Llevaba tiempo con aquellos dolores de cabeza, toda su vida quizás, pero había entrado en la etapa premenopaúsica y sus neuronas se habían empeñado en hacerle la vida aún más imposible, simplemente eso, estaban volviéndose unas viejas gruñonas. Cada día, las neuronas de su cerebro aporreaban su cráneo sin piedad. 

           Ella era fuerte y activa, realizaba ejercicio, seguía una dieta sana, no tomaba alcohol, ni cafeina, ni tabaco, ni chocolate. Casi parecía que había hecho un pacto con sus neuronas, de modo que si ella se portaba bien, ellas la dejarían vivir más o menos en paz. Sabía que esos dolores eran difíciles de controlar en el periodo premenopaúsico y tenía que superarlos fuera como fuese.

           La inesperada llamada de aquella mañana la dejó desconcertada, el doctor Ramírez había requerido que acudiese a su consulta sin cita previa, lo antes posible. Llamó al trabajo para indicar que tardaría un poco en llegar. Nadie le pidió explicaciones, eso era lo bueno de ser la jefa.

           Gozaba de buen humor pese a sus recurrentes migrañas, tenía buenos amigos que la apreciaban y comprendían que un sábado les diese plantón porque estaba acostada en cama sin poder abrir los ojos ni oír ningún sonido. Lo de sus migrañas y neuralgias era de conocimiento público, nunca lo había ocultado, tampoco hubiera podido.

           La expresión circunspecta del doctor Ramírez le dejó helado el corazón. Tomó asiento y le miró fijamente a los ojos. Él estuvo mucho tiempo hablando con ella, explicándole detalles, animándola, ofreciéndole cifras, incluso mostrándole estadísticas sobre resultados favorables obtenidos con los tratamientos que ella iba a iniciar. Por un momento, le pareció que otro ser se hallaba frente al doctor, que no era ella, que su yo había desaparecido. Aquella conversación no estaba teniéndola con ella, sino con otra persona. Quería huír, creer que todo era una burda mentira, un fallo en la conexión de alguno de los circuitos de su vida, que aquello no iba con ella. Pero no era así. La pesada realidad presionaba sus hombros clavándola aún más en aquella silla, obligándola a escuchar una extraña historia que no quería conocer, una nueva vida que no quería empezar. 

           Regresó a su casa, logró abrir la puerta y se dirigió a su habitación, cerró la ventana y se puso el chándal, ése era un buen momento para tumbarse en la cama, quizás de ese modo, esa maldita banda de tambores instalada en su cabeza la dejaría descansar.         

ACEN: Unos Reyes solidarios

He participado en el I Concurso de Microrrelatos Románticos ACEN (Asociación Cultural de Escritores Noveles), y el  6 de enero, he recibido un inesperado regalo de Reyes: el microrrelato que había enviado se encuentra entre los seleccionados.


           Entre los aproximadamente setecientos microrrelatos recibidos, el jurado  ha seleccionado  diez finalistas y unos doscientos noventa microrrelatos más que aparecerán juntos en el libro "Cachitos de amor".

           Los beneficios de la venta de este libro irán destinados a realizar actividades de lectura para niños y niñas con discapacidad, que se gestionarán a través de la Fundación Borja Sánchez. "Cachitos de amor" estará ilustrado con los dibujos que hicieron los nenes de la Fundación en los talleres que realizó ACEN gracias a los beneficios obtenidos de la venta del libro "Bocados sabrosos". También encontraréis en el interior del libro algunas fotos de la realización de estos talleres, donde se puede apreciar lo bien que se lo pasaron los peques dibujando.

           Por el momento, el libro sólo se podrá adquirir a través de la librería Argot de Castellón (www.argot.es), donde el viernes 10 de febrero a las 19h tendrá lugar la presentación de “Cachitos de amor”. En la presentación contaremos con la presencia de todos/as peques que han ilustrado el libro, se leerán algunos microrrelatos y disfrutaremos de varias sorpresas para pequeños y mayores. Por supuesto está todo el mundo invitado!

           Por cierto, el lunes 16 de enero se publicará el microrrelato ganador en la web de ACEN. ¡Mucha suerte a los 10 finalistas!

           No importa si mi nombre no figura entre los diez finalistas, lo que importa es que el microrrelato que envié para participar en este concurso ha sido uno de los que también aparecerán en el libro "Cachitos de amor". ¡Eureka! Como suele decirse, por algo se empieza. 

           Dado que los beneficios de la venta serán destinados a una causa solidaria, desde aquí os animo a la adquisición de este libro  en la librería Argot de Castellón. La lectura de los microrrelatos románticos es un método saludable para mantener en forma nuestro corazón.

           Si tenéis curiosidad, podréis descubrir cuál fue el microrrelato que presenté a este concurso.


Adiós 2011- Hola 2012

Otro año que pasa de largo. Si hiciese un repaso de este año, seguramente me vendrían a la cabeza varias cosas buenas y muchas cosas malas, y  suspiraría pensando en esos días buenos que pasaron y nunca volverán. Pero no, no estoy dispuesta a ponerme triste, eso no va conmigo. Prefiero recordar alguno de esos momentos especiales que me ha regalado el 2011.
         
           Este año nuestra peña de amigos ha vuelto a ser la que era, la que siempre fue, "Els de sempre". La traducción del valenciano al castellano sería "Los de siempre". Nuestra peña nació en  1966. Sí, ya hace unos años, toda una vida, cuando nuestras madres nos paseaban en su brazo. Aquellos bebés crecimos, acudimos a la misma escuela elemental y, pese a tomar distintos derroteros, a partir de ese momento, decidimos que siempre permaneceríamos unidos. Diez amigas y un amigo. Felipe nos dejó hace unos años, pero su risa y sus chistes nos acompañarán siempre. La peña pasó un periodo gris pero el recuerdo de una ilusión compartida volvió a reunirnos y las risas tronaron otra vez en nuestros corazones. Ya en 2010 tuvimos un buen año para recordar, el 2011 ha sido doblemente mejor. Pidamos pues, al 2012, que supere al anterior. Juntos vamos a despedir este año y juntos daremos la bienvenida al año nuevo.
           Otro suceso especial para recordar ha sido mi primer cambio de continente. Hemos viajado hasta Oriente Próximo,  y hemos visitado Turquía. Como deseo personal le pediré al 2012 que me deje seguir viajando.

          Después de mucho tiempo sin realizar ejercicio físico, decidí que 2011 bien merecía una oportunidad y me apunté al gimnasio. Sigo pensando que no pesan los años, sino los kilos.  Tras tres meses de actividad moderada, un problema en el pie me mantuvo alejada de allí seis meses, pero  tras las vacaciones regresé con más ganas y  más entusiasmo. Os diré que pese a mi inconstancia en esta área, este año comencé sudando la camiseta y lo pienso terminar igual si nada me lo impide. Esta es otra buena cosa que recordar y mi propósito será continuar con ella durante 2012.

           Además, he reencontrado viejas amistades, ese es el caso de mi amigo Didier, que después de treinta años contactó conmigo a través del face. Y es que la distancia no siempre es el olvido, a veces sólo es una pausa. Otro punto más para 2011. Le pediré más reencuentros especiales al próximo año. Sigo teniendo amigos en estado de "pausa" que me gustaría reencontrar.  Y ¿por qué no? Puestos a pedir, me gustaría también encontrar nuevos amigos.

  ¿Habéis visto la película El Diario de Bridget Jones? Bien, pues cualquier parecido con ella es pura coincidencia. Jajajajaja

          De corazón, os deseo un Feliz año 2012