I Certamen Internacional Toledano “Casco Histórico”

Un amigo virtual me ha remitido estas bases del concurso internacional de poesía y narrativa en castellano, cuyo plazo de presentación finaliza el 30 de septiembre de 2012. Están recien salidas del horno, así que aún nos queda bastante tiempo para calentar motores y dejar volar nuestra imaginación. 

Cuanta más gente participemos mejor. Sí, sí, vosotros también, desde México y Argentina o desde otros países. Ánimo, colgad también las bases en vuestro blog y difundidlas por la blogosfera.

En Toledo, están esperando leer muchas obras. Un abrazo a todos.

I Certamen Internacional Toledano “Casco Histórico”


Bases comunes


1- El certamen está destinado a todos aquellos autores/as, que presenten su obra en castellano, sea cual sea su lugar de residencia, o su nacionalidad.


2- La obra habrá de ser original, de tema libre e inédita, no habiendo sido galardonada en ningún otro concurso, ni estar concursando al mismo tiempo en otro certamen. Las modalidades serán Poesía y Narrativa. No se admitirán trabajos presentados por correo electrónico. Se enviaran 4 copias de la obra a:


I Certamen Internacional Toledano “Casco Histórico”.

Apartado de correos 242, 45080 Toledo (España)


3- Los originales se presentarán por el sistema de Seudónimo y Plica. En el exterior de la Plica (sobre cerrado con los datos del autor/a) y en la obra, llevará expuesto el Seudónimo. En el interior de la Plica constará el nombre y apellidos del autor, nacionalidad, domicilio, teléfonos, y correo electrónico. 


4- El plazo de presentación de las obras finalizará el día 30-9-2012. Las obras llegadas después de ese plazo se destruirán. Se admitirán aquellos trabajos franqueados con fecha anterior o igual a esta fecha. Cualquier envío que no cumpla las Bases será anulado. La secretaría de la organización, no mantendrá correspondencia durante el proceso del certamen, ni después. Todas las obras recibidas serán destruidas, de tres días después del fallo.


5- El jurado estará compuesto por personas del ambiente literario dentro del ámbito literario de la ciudad de Toledo. El fallo será inapelable, y ningún Trofeo podrá quedar desierto.


6- La entrega de Trofeos se efectuará en el Circulo del Arte de Toledo, Plaza de San Vicente, 2. El día 30-11-2012, a las 18,30 horas.


7- Los autores/as clasificados hasta el sexto lugar en cada una de las dos modalidades, con residencia en el Estado Español deberán asistir personalmente al acto de entrega de Trofeos. La no asistencia al acto, significará la pérdida del trofeo, que pasará a recaer en el siguiente clasificado.


Bases Específicas


Poesía:


Se presentará un sólo trabajo por autor en formato Din-A 4. El poema tendrá una extensión máxima de 25 versos. Se establece un trofeo para los seis primeros calificados. La editorial Celya editará un libro con los poemas de los 120 primeros clasificados. La secretaría del certamen enviará por correo postal un ejemplar del libro a los 120 primero clasificados gratuito, durante las semanas posteriores al día fallo.


Narrativa:


Se presentará un sólo trabajo por autor en formato Din-A 4, interlineado a doble espacio. La Narración tendrá una extensión máxima 3 folios, por una sola cara. Se establece un trofeo a los seis primeros calificados. La secretaría del certamen imprimirá un libro con las 30 primeras obras clasificadas, enviando por correo postal un ejemplar a los 30 primeros clasificados gratuito, durante las semanas posteriores al día fallo.

Milagro en la Mezquita Azul


 
Seis alminares  provistos de varias ménsulas  recibieron al viajero de Iznik y le dejaron absorto ante tal magnificencia. Las paredes custodiaban miles de tulipanes frescos que dormían el sueño eterno y su corazón latió exultante ante aquel derroche de belleza.  La desnudez de sus pies fue acariciada por cientos de alfombras imperiales, y sus pupilas quedaron atrapadas por una cegadora luz natural que se multiplicaba rompiéndose en miles de guiños de oro y gemas. Embelesado como estaba, quedó atónito al presenciar cómo eclosionaba uno de los huevos de avestruz de una lámpara de cristal. Aquel nuevo visitante le impulsó a gritar: “Milagro”.


Telenovela

Desde que me tocó la lotería me dedico a la vida contemplativa. Cada día, me siento en este banco a observar  la gente que pasa arriba y abajo. Lo que presencio en el parque, me ayuda a conocerles mejor. Cada uno, anda a cuestas con su vida. Unos pensando cómo llegar a fin de mes. Otros, calculando en qué gastar su dinero. Y otros, los menos,  rebosando amor por los cuatro costados. Es como una telenovela en directo.

¿No ves que tengo cosas que hacer? ¡Para una vez que puedo contemplar la vida, vienes tú y la fastidias! Anda, vete, que a ti no te quiero ver, Parca.

Se me escapa una sonrisa


 La primera vez que visité esta casa, el caos me abrió la puerta. La penumbra acampaba en los rincones, una tupida capa de polvo alfombraba  las baldosas del suelo,  las gruesas paredes escondían humedades milenarias y el corral estaba lleno de malas hierbas. Además, como la casa había sido alquilada en la semana de fiestas, también encontramos unas cortinas de plástico negro que colgaban desde el techo y unas tortuosas luces intermitentes en pleno salón comedor. Y, por si no nos había enamorado lo suficiente, al salir, un hermoso collar de telaraña se vino con nosotros. Veinte años después de nuestra  acertada compra, al recordarlo, aún se me escapa una sonrisa.

¡Alto!


Con nuestro mecánico de confianza, acudimos al taller de carretera que me chuleó casi mil euros por reparar un pinchazo. Él  averiguaría qué me habían facturado.

María entró en cólera cuando dijo que las tarifas aplicadas eran correctas.  Cien euros por el desplazamiento con grúa, cien más  por la rueda, cien de mano de obra y…  seiscientos por no denunciar que el pinchazo se produjo al saltarme un control policial.  

Presurosa, María, estampó en mi cabeza su bolso de pedrería.

Sorpresas de Librería

Entré en una Librería, cuando para mi sorpresa una olorosa piel de pomelo cayó sobre mí. Me acerqué al mostrador, sosteniéndola con la punta de los dedos, y le dije al dependiente que debía evitar esas gamberradas. El joven resultó ser el dueño. Se disculpó educadamente y, como agradecimiento, me regaló una novela de vampiros. No era lo que yo buscaba, pero me fui encantada.

                Cuando empecé su lectura, únicamente leí el primer capítulo. Con tanta sangre, me era imposible saborear la historia. Decidí que lo mejor era devolverla y comprarme otra más interesante. Al propietario no pareció importarle y me pidió que eligiese otra, sin coste alguno. Sentí un poco de remordimiento pero, finalmente, accedí.


                Con las vacaciones aplazadas y los turnos alterados, dejé mi lectura diaria aparcada y mis defensas bajo mínimos. Un mes sin leer, era mucho tiempo. Algo romántico me vendría bien.


                Esa sección estaba atiborrada de ejemplares y justo escogí uno del estante superior. Entonces, otra piel de pomelo cayó sobre mí. Esta vez, decidí tirarla en la papelera, sin hacer ningún comentario. Curiosamente, vi que estaba llena de pieles de pomelo y, extrañada, acerqué mi cara. Quedé maravillada al ver unos personajes del tamaño de mi uña, que estaban construyendo algo.

                Mi pose llamó la atención del dueño y vino a preguntarme si me encontraba bien. Ante mi mutismo, acercó también su nariz a la papelera.


                ─¿Qué es esto? ¿De dónde han salido esos hombrecillos? ─preguntó asombrado.

                Al unísono, todos ellos se taparon las orejas. Uno, lanzó al aire un pequeño hilo con un clip atado en su punta y lo enganchó en el borde de la papelera. Reptó hasta arriba y nos miró con cara de pocos amigos. Movía la boca como si nos hablase, pero no podíamos oírlo.


                Como no había nadie más en la librería, el propietario cerró la puerta del local, para evitar fisgones.

                ─Reduce el volumen, creo que nuestra voz les molesta ─apunté susurrando.

                ─Parecen tan humanos como nosotros. Si no fuese porque lo estoy viendo, no lo creería.

                ─¿Y las pieles de pomelo? ¡La papelera está llena!

                ─No sé. Intentemos comunicarnos con ellos. A ver si averiguamos de dónde proceden y qué hacen aquí.

                Mientras hablábamos, una hilera de hombrecillos escaló hasta el teclado del ordenador. Nos llamó la atención verlos por parejas, dando saltos sobre las teclas, como si realizasen algún tipo de baile folklórico. Escribieron un  mensaje.


                Venían del otro lado de la galaxia. Conocían nuestra existencia y sabían mucho sobre nosotros, pero no estaban de visita. No sabían cómo habían llegado a la Tierra ni por qué. Como los más pequeños tenían hambre, un libro de pasta de árbol de pomelo les ofreció unos frutos para comer. Luego, con las pieles, empezaron la construcción de dormitorios para pasar la noche. Nos pidieron que les ayudásemos a regresar.


                Debían ser un centenar, contando hombres, mujeres y niños.

                Los cabecillas eran Lucho y Fénix, el propietario se presentó como Eduardo y yo les dije que me llamaba Teresa.


                Se nos ocurrió abrir todos los libros, por si alguno tenía la puerta de regreso.

                 Tras una hora de intensa búsqueda, estaba agotada. Me senté y cerré los ojos un instante, pero Eduardo se acercó con una sonrisa pícara y me cogió de la mano para que le acompañase. Al abrir El libro de la Selva, una liana cayó desplegada a nuestros pies. Luego, continuó escudriñando libros. Varios títulos de «Novela Romántica» y «Cuentos y Aventuras», nos recibieron llenos de vida.


                En Los Viajes de Gulliver encontró otro hombrecillo perdido. Caminaba desorientado sobre su mano sin percatarse de nada, pero cuando descubrió nuestra presencia, se asustó y cayó de espaldas, sin saber dónde esconderse. Al reunirlo con los demás, se tranquilizó.


                Eduardo abrió de nuevo el libro y metió la mano dentro. En menos de un segundo, desapareció. El cuento se lo había tragado, literalmente. Esa era la puerta.


                Fénix me pidió que los acercase para volver. La angustia se había apoderado de mí pero, los pequeños me hicieron reaccionar. Abrí las palmas de mis manos y esperé que se sentasen sobre ellas, apretujados y felices. El libro mostraba una bella noche estrellada y, desde el margen, fueron cayendo, uno tras otro, por un tobogán surgido de la nada.

                Sentí la tentación de cerrar el libro, salir corriendo y olvidar lo sucedido, pero no fui capaz.

                Temerosa, acerqué mi mano hacia lo desconocido. Algo tiró de mí mientras empequeñecía y una sensación de asfixia atenazaba mi garganta. Llegué a un lugar desconocido. Una mujer vino a mi encuentro y me ofreció un café. Luego, desapareció de mi vista.

                Eduardo vino a buscarme y me contó que él también había tomado el café de la tía de Lucho.  Nuestro encuentro fue eufórico: un abrazo intenso y un beso muy tierno.

                Lucho nos explicó que trabajaba contando «Lectores» y que la gráfica de la Tierra mostraba una  línea vertiginosamente descendente. Un punto rojo, indicaba la fecha de comienzo del declive, justo el día que yo dejé de leer; y un punto verde, indicaba la fecha actual, justo el día que quise volver a leer. También recordó que una fuerza les arrastró hacia la librería para ayudar a unos libros que querían reanimar a la lectora perdida, una tal Teresa. O sea, yo.

                Solución: «Leer todos los días, saboreando la lectura».

***

                ─¿Te encuentras bien? ¿Quieres que llame a un médico? Te has desmayado. Puede que tengas las defensas bajas, a mi hermana le pasa bastante ─me dijo preocupado, con la noche estrellada aún en su mirada.

                ─Estoy bien, gracias. Me llamo Teresa ¿Y tú?

                ─Soy Eduardo, el dueño de esta librería. Mira, Teresa, como veo que te encuentras mejor, te voy a regalar un libro ¿Qué te parece?

                ─¡No será de vampiros!

                ─¡No! Es un clásico: «Los viajes de Gulliver» ¿Te gusta?

                ─Me encanta. Gracias ─contesté tocando su mano.

                ─Perdona, ¿Nos habíamos visto antes?

                Mis nuevas vacaciones empezaban bien. Seguro que un buen zumo de pomelo subiría mis defensas.

Letra pequeña


   T G H J Y B

  J M V C Z L

  F G J N X P

Cuando el oculista me preguntó si veía la letra pequeña,  me lancé a la conquista y acerté las grafías de pura casualidad. ¡Machote que es uno! Hoy me arrepiento de ello. Las cláusulas de este contrato parecen estar escritas con  letra tamaño XXS.

El chaparrón



Cada vez que vengo a esta ciudad, está lloviendo a mares. La próxima vez, vendré preparado. Estoy empapado hasta los huesos y, para más inri,  este taxi está lleno de pelos.

¡Mierda! Se han mojado las copias del informe. La antipática de recepción me hará unas fotocopias.

La puerta de la sala está cerrada. ¡Qué mal me huele!

Colgaré mi abrigo y, mientras prepara los duplicados, adecentaré mi indumentaria y mis zapatos. Ante todo, buena presencia.

Viene el jefe.

¿Cómo que no es necesario que exponga mi trabajo?

Si lo sé, vengo paraguas en mano y me lío a paraguazos.

Saboreando la lectura

 Recuerdo que mi madre cerró el quiosco cuando yo tenía aún cinco añitos. De aquel ruinoso negocio, quedaron varias cajas con libros de bolsillo que por aquel entonces causaban furor. Libros que fui leyendo, poco a poco, con el tiempo. A los quince años, ya me había leído un centenar de historias de Marcial Lafuente Estefanía y más de doscientas novelas rosa de Corín Tellado. A falta de pan buenas son tortas. La librería de nuestra casa estaba bien provista de enciclopedias, guías de salud, libros de recetas de cocina, de mecánica, de labores del hogar y un largo etcétera que no despertaban mi interés en absoluto. Pero claro, tan saturada quedé de enamoramientos y batallas en el oeste americano, que decidí que mi pasión por la lectura debía tomar otros derroteros.

El cambio fue radical y terminé rendida a los pies de Mortadelo y Filemón.  Me encantaba su peculiar humor. Aún los recuerdo con mucho cariño y, prueba de ello, son los libros recopilatorios que conservo en mi librería. Os dejo este enlace, por si queréis pintaros una sonrisa.

http://www.mortadeloyfilemon.com/personajes/index.asp

De ahí a los cuentos ilustrados sólo hubo un paso. Disfrutaba leyendo las historias de Julio Verne, Emilio Salgari y los hermanos Grimm. Aquellas pequeñas viñetas que acompañaban la historia, dieron un sentido diferente a mi vida. Por aquel entonces, para mí, la Literatura no era más que una asignatura que había que aprobar. Afortunadamente, esa idea equivocada la he cambiado con el tiempo y he aprendido a disfrutar con los grandes de la literatura clásica.

Si alguien me preguntara qué prefiero leer. No sabría bien qué responder. «Todo», sería una contestación demasiado amplia.

¿Novela romántica? ¿Poesía? Sí, pero en pequeñas dosis. Prefiero la trama fantástica, el misterio, el suspense o el tétrico lado oscuro de la novela negra. Aunque nunca descarto otro tipo de lecturas.

La ciudad huele a fiesta

La ciudad huele a fiesta y el eco de un repique de campanas renace en tu corazón. Admirado, contemplas el solemne paso del Pregón, y sientes una historia cercana que te embarga de emoción.

La madrugada de la romería te viste de color.  Es la caña quien te guía, luciendo la cinta y el rollo. Ansías subir la escalera para poder tocar la campana, luego acampar entre risas y comer  longanizas secas.
Las  gaiatas se disponen, presumiendo de luz y color y te alcanza el calor humano oculto en cada destello. Sientes que formas parte de la Colla del Sector.
Luces de pólvora iluminan cada día y sones del mundo invaden las calles de la ciudad.
Este año no pudiste venir, pero el próximo no fallarás. Te espero, no te arrepentirás.

Madre

«Kate, no me gusta verte tan triste. Tienes amigos que te quieren, así que no me vengas con milongas. O te levantas voluntariamente de esa cama o te levanto yo a la fuerza. ¿Qué? ¿Qué no me crees capaz? Ya lo creo que sí.
           Si ayer me hubiesen dicho que una crítica sobre tu cuento iba a afectarte tanto, me hubiese reído en su cara. ¿Por qué? Porque tú siempre pones tu  corazón en todo lo que escribes y eres capaz de pintar con palabras cualquier espacio imaginable. Eres inmune a ciertos comentarios.

           ¿Recuerdas aquella vez que te lamentabas porque todo cuanto veías desde la ventana de tu habitación no era más que una acera rota, dos árboles viejos sin hojas y unos edificios grises? Insistías en convencerme de que aquel escaparate no motivaba en absoluto tus neuronas y necesitabas huír para encontrar la inspiración que guiara tus palabras. No me mires así, por tu sonrisa, supongo que lo has recordado ¿No?

           Ya entonces, te dije que podías escribir cosas maravillosas porque tu mente era prodigiosa. Y al instante, me vi escuchando una de tus historias. La acera rota, se convirtió en la vía real del Paraíso de las Hadas; los árboles viejos sin hojas, eran los guardianes de la princesa Zoe; y aquellos edificios grises, se transformaron en un palacio plateado que brillaba bajo el reflejo de la Luna.

           Si tu relato no le gustó a Sami fue porque no siempre sabe apreciar la belleza de lo que escribes.  No podemos esperar que todos piensen lo mismo que nosotros. Si fuese así, seguramente, el mundo sería muy aburrido.

            ¡Bien, ya veo que te levantas!

           Vistete rápido, anda, que Sami vendrá a buscarte. Y alegra esa cara, mujer, que hoy te van a dar tu primer diploma. Precisamente por ese cuento que Sami calificó de «bodrio».

           ¿Cómo que no te lo mereces? Digo yo, que los miembros del jurado del concurso escolar lo habrán elegido porque es bueno ¿No? Sí, ya sé que fastidia que tu mejor amigo critique tu trabajo, pero no pasa nada. Simplemente a él no le han gustado tus duendecillos.

           Ponte el vestido blanco y la chaquetita de punto salmón, que hoy tienes que estar muy guapa. Sami llevará traje de chaqueta y estará encantado de ser tu acompañante en este acto. ¿Qué más quieres?

           Ahora, sí estás radiante y preciosa, cariño. Ha sonado el timbre. Anda, baja, que Sami estará esperando."


La hija cogió la foto de su madre, la miró sonriente y le dio un beso antes de bajar. En la mesilla, quedó esperando el regreso de su hija.

Ahí estaba ella

Reformar la cocina no había sido ningún camino de rosas, pero se propuso terminar la obra antes de llegar la primavera y lo había conseguido. La inauguración de «La Mesa de Raquel» sería el veintidós de marzo.

           Cocina tradicional y trato familiar eran su reto. Ella había sido cocinera en restaurantes de alta categoría  y al convertirse en propietaria del antiguo palacete de sus antepasados, decidió montar su propio negocio. El idílico lugar atraería a la gente y su arte culinario cautivaría a los paladares más exigentes.

          Tuvo que tirar un muro de mampostería para  incluir una zona desaprovechada del jardín trasero y construir una nueva despensa de gran capacidad donde almacenar los alimentos no perecederos. Dentro, instaló varias filas de armarios, unos  provistos de baldas móviles y otros con baldas giratorias. Con ello, pretendía eliminar ese punto muerto donde caducan ciertos alimentos por culpa de la fatalidad.

          El mobiliario de la cocina era de una firma española instalada en Guipuzcoa, y los electrodomésticos, únicos en su gama, la última creación hallada en una exposición de Príncipe de Vergara, en Madrid. El derroche de tecnología y diseño, daban ese toque pluscuamperfecto que Raquel buscaba para su cocina.

           Colocó cada utensilio en el  lugar que le correspondía y revisó personalmente la perfecta disposición de cada balda de trabajo, cada cesto, cada bandeja, cada cajón y cada gaveta de su flamante cocina. Todo se encontraba debidamente colocado.

           Del comedor y su decoración se había encargado su marido, y del jardín exterior del palacete, una empresa de jardinería. Dos días antes de la inauguración había finalizado los preparativos. Para celebrarlo, quiso hacer el estreno preparando una cena íntima para los dos.

           Habían habilitado un comedor privado, con un mirador acristalado que permitía ver las estrellas en una noche cálida como aquella. Puso su mantelería de hilo sobre la mesa y situó milimétricamente su cubertería de plata. Las piezas únicas de su vajilla de porcelana pintada a mano y el pequeño buquet de rosas blancas en el centro de la mesa, eran adorno suficiente.  Una cubitera de plata con hielo mostraba el lánguido cuello de la botella de cava que contenía. Las copas de cristalería de Bohemia remataban el conjunto.

           Entrantes de paladar fino y una exquisita ternera con salsa de setas deleitarían a su marido. Su mouse de mascarpone pondría la guinda final.

           Sólo necesitaba veinte minutos para vestirse de gala. Su marido había tenido que asistir a un comité y tardaría poco en llegar. Le esperaría en el salón y juntos entrarían en el comedor privado. Cenarían y tendrían una conversación agradable. La noche les traería lo demás.

           Sentada en el sillón central de la sala de recepciones, semejaba una reina en su altar esperando a su fiel amante. Llegó al fin y la encontró radiante. Ahí estaba ella, dulce e insinuante. Tras un apasionado beso,  cogió a su esposa en sus brazos y la llevó a la habitación. La celebración duró toda la noche.

           El desayuno con ternera lo recibieron con agrado.

Dadme una prórroga

Criada entre nubes de algodón, fui única en mi especie y alcancé una madurez dorada que nadie podía esperar.

Apartada de mis semejantes, trabajé más duro y más tiempo, creyendo que la fortuna nunca me iba a dejar.  Pero colmó la avaricia el vaso y  no pude descansar, ya no hubo más masajes ni música celestial.

Fue por ello que hice huelga y me vinieron a buscar. Era un hacha la que hablaba y me supo asustar.  Dadme una prórroga, os lo ruego, no me vengáis a matar. Que otro huevo de oro fino está a punto de saltar.

Bendita Comunidad

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La  cadencia de sus pasos era diferente, al fin le estaba haciendo efecto aquel régimen milagroso que había comenzado meses atrás. Más que un oso parecía una gacela.

          La pintura resquebrajada del techo había dejado de caer sobre mi plato de sopa y el ensordecedor ruido de su vieja mecedora por fin había enmudecido.  Todos los días, el agónico grito de la madera de ese pobre balancín atravesaba las bovedillas y como si fuese una barrena de alta velocidad, anidaba en lo más profundo de mi cabeza, escupiendo  materia gris por  todas las paredes.  ¡Hartito me tenía ya el dichoso ruido!

           El día que me enteré que la del cuarto estaba adelgazando, lo celebré tomándome un rebujito en la ventana de mi cocina. El aire me pareció más  fresco y el sol se me antojó de un amarillo más intenso.

            Es lo que tiene vivir en un piso de dimensiones exiguas y medianeras de pladur,  que se oye hasta el vuelo de las moscas y los tacones de tus vecinos parecen apisonadoras.

           Mi hogar volvió a ser un remanso de paz y pude realizar mi trabajo de teleoperador con total dedicación y cortesía.

           Tras meses de sosegada calma, unos nudillos golpearon la puerta de mi casa. La vida de un solitario como yo, pocas veces se ve interrumpida, pero esa me sorprendió con creces. Una nota bajo la puerta, me anunciaba que había sido elegido nuevo Presidente de la Comunidad. A las catorce horas había Junta y tenía la obligación de asistir. Finalmente, tendría que verles las caras.

¿Por qué tanta urgencia?

La niebla cayó pesada, atrapando en el desconcierto a quienes aún se hallaban en dirección a alguna parte.

          Samuel  fue sorprendido de vuelta a casa y decidió apagar el motor de su coche.  Los mortecinos puntos de luz  le recordaban que no estaba solo. Una intensa ola de frío recorrió su cuerpo obligándole a salir en busca de  refugio. Sus pasos le adentraron en aquella espesura y se topó con una puerta.  La aporreó varias veces, gritando que necesitaba entrar. La niebla se disipó justo cuando se abrió la puerta.  Una  antipática cara le preguntó: ¿Por qué tanta urgencia? ¿No ve que los otros están vacíos?

          Las puertas contiguas estaban abiertas. Una señal indicaba que eran los Servicios de Caballeros.

Aquel día

El pelotón de fusilamiento avanzó hasta la línea de fuego situada frente al paredón y esperó la orden de esa voz afilada que firmaría mi sentencia de muerte. Los ojos que me miraban delataban el miedo desbocado, traicionando la injusticia de un poder incontrolado. Triste escena sin alma, con protagonistas de cartón-piedra debutantes en el guiñol de la tragedia. Una obra de guiñol cuyo personaje principal era el que yo representaba. ¡Qué ironía!

Un instante  bastó para sopesar el sinsentido de mi vida y concluir que sólo fui un ser inexistente. El mundo seguiría sin mí, sin pensar que hubo un día en el que yo estuve aquí. Además, cuando la parca viene a buscarte, se regodea mostrándote instantáneas de tu vida. Yo las vi durante una fracción de segundo. Aquel vertido incontrolado de imágenes acuchilló todo mi cuerpo y vació de esperanza los rincones de mi mente.

Fui séptimo hijo de una familia pobre, y no fue bendición, sino carga, lo que supuse para mis padres. Pastoreo de ovejas, fue el legado recibido de ellos. Dos manos fuertes y un corazón valiente, fueron los causantes de mi desdicha. Un amor platónico me condujo a una batalla sin causa en defensa de su honor. ¡Quién iba a decirme a mí que aquella joven era la hija del coronel! ¡Si al menos ella hubiese reparado en mi presencia!

Suspiré sin fuerzas y encomendé mi pobre alma al Señor. Cerré los ojos creyendo que aquello ayudaría a mis jóvenes verdugos. Uno de los que me apuntaban fue el causante de la disputa. Ya no había bravura en su mirada y, si no fuese por el sol plomizo que caía aquella tarde, hubiese jurado que vi caer una lágrima de uno de sus ojos.

Una palabra: ¡Apunten! El Silencio.

El desconcierto se respiraba en el aire. Temía abrir los ojos y descubrir que estaba muerto. No sentía dolor ni sufrimiento. Escuché murmullo de palabras y pasos que se alejaban. Alguien se acercó hacia mí para decirme que podía irme a casa, que los fusilamientos habían sido prohibidos y yo me había librado por los pelos.

 En aquel instante vi que mi cuerpo andaba solo, mientras yo aún seguía pegado al paredón de fusilamiento. Siempre fui corto de entendederas, pero gracias a aquel día aprendí que toda existencia siempre es importante, incluso la mía, aunque entonces aún no lo sabía.

Acompañé a mi cuerpo hasta la salida de esa plaza porticada, acomodándome de nuevo en los recodos de mi piel.

Apoyada en el quicio de una ventana, sorprendí llorando a la mujer por la que tanto había suspirado mi corazón y despedí mis suspiros con ella. Al verme, se lanzó a mis brazos, compartiendo conmigo el sabor salado de sus lágrimas. Mil veces pidió perdón por las acusaciones de su padre, mil veces le respondí que ella no tuvo la culpa.

Me confesó que su enamorado era otro soldado y que, el soldado que peleó conmigo pretendía, mediante falsas injurias, destrozar aquella relación. Al intervenir, yo me llevé la peor parte. Su padre, me vio cara de rojo y quiso salvaguardar la honra de su hija. En resumen, decidió  matar al perro y así, aniquilar la rabia.

Despojado de mis vendajes, sentí mi corazón libre nuevamente y una sensación de paz infinita dio un sentido nuevo a mi vida.

Regresé a esa casa oscura que no esperaba mi presencia y  me encontré una mujer menuda llorando sobre la mesa. El pelo moreno por capa y sus manos por escudo, impedían que descubriese quién era esa persona. Quise permanecer callado, contemplando aquella escena, pero estar vivo me hacía respirar. ¡Nunca pensé que el silencio hiciese tanto ruido! Levantó su cabeza y me encontré a la pequeña Adela, la hija de don Ernesto, el vecino de mi abuela. Aquellos ojos almendrados iluminaron toda la estancia y sus inmaculados dientes me dieron la bienvenida. Aquel fue el primer día del resto de mi vida.

 ¿Por qué os cuento  esto? Porque estoy escuchando la canción de Marisol y mis nietos, que saben que me gusta, le han dado más volumen. Sí, sigo pensando que «La vida es una tómbola».

      

          

Finalista en Radio Castellón: Semana del 13 al 17 de febrero

Acabo de saber que esta semana he sido finalista en el concurso semanal de microrrelatos de la Cadena Ser. Con la frase: Si miento, ¡Que ahora mismo me parta un rayo!

Si os apetece, podéis leerlo accediendo a  www.radiocastellon.com, en la sección Participa, en el apartado microrrelatos ganadores. 

Si preferís escuchar el programa, está disponible en la sección Audio. Ha sido emitido hoy, día 17, en Hoy por hoy Castellón, unos veinte minutos antes de emitir Hora 14 Castellón.

Gracias por estar ahí y seguir leyéndome.

Sentimientos de soledad

Sin ti,

El mundo se me hace pequeño
y me sienta grande la vida.

                      Sin ti,
                           Mi esencia no tiene sentido
                           y mi buque parte sin guía.

Sin ti,
Mis largas noches son eternas
y mis venas están vacías.

                                     Sin ti,
                            Todas las canciones son frías.

Sin ti,
Vivir es quedarme sin vida.



(1987)

Carta de amor

                                                                                                    14 de febrero

Cariño,

Te escribo estas letras, esperando que puedas leerlas, porque algunas palabras no brotan en mí todos los días y tú das por hecho que no son necesarias. Pero no es así.

           Sabes que te quiero y sé que tú me amas, pero no voy a enmudecer mis sentimientos, me resisto a pasar un año más sin sentirme afortunada.

           Sí, ya sé que no somos de celebraciones: anti-aniversarios, anti-san Valentín. ¡Anti-tantas cosas!…

         ¿Recuerdas cuando nos conocimos?  Raro era el día que no celebrábamos algo. Sí, atrás quedaron aquellos días, en los que estar juntos  ya era una  gran fiesta.

           ¿Nostalgia? Quizás.  

           Veinticinco años han pasado desde que te conocí y ni siquiera lo recordaste. Sí, el diecinueve de enero ¿Ahora caes?

           Eras la persona más cariñosa que había conocido. Y yo, una romántica empedernida. ¿Qué nos pasó?

           Sé que en algún rincón de nuestro corazón siguen escondidos aquellos jóvenes enamorados que lucharon por estar juntos toda la vida.

          Sólo quiero decirte, Te quiero. Gracias a ti, me siento afortunada.

             Esta noche, dejaré esta carta en tu mesilla, fingiré que sólo es otro 14 de febrero que no tenemos nada que celebrar, pero sé  que cuando la leas, ese joven enamorado me vendrá a buscar.



           Feliz San Valentín.




AL FILO DEL TABURETE

El rechinar de dientes lo delataba. Pretendía ignorar la pesada soga adherida a su cuello y salir airoso de aquella pesadilla que lo torturaba, pero la realidad se empecinaba en recordarle que era él, y no otro, quién se hallaba en tal camisa de once varas. Pocas horas antes, se ofreció para acompañar a Luis a cobrar una deuda de juego. Pensó que su corpulencia intimidaría al individuo que iban a visitar y zanjarían sin problemas la situación. Aún retronaba en su cabeza la gran risotada de aquel hombrecillo cuando fue instado al mencionado pago. Su numerosa familia acudió a la llamada y rápidamente les dejó inmovilizados. ¿Quién le mandaría ser tan fanfarrón? Sí, la cuerda estaba apretada, su vida en manos de otro, el miedo calándose hasta los huesos. Una orden marcó el fatídico desenlace que iban a presenciar en primera persona. Se sentía pequeño, indefenso e inmóvil. La suerte estaba echada. El destino se burlaba de él. Al taburete que tenían bajo los pies, de madera maciza, le quitaron dos de las cuatro patas. Ahora era un equilibrista. Su vida dependía de ello. Si fallaba, moriría ahorcado.